Rumbo a Jamaica

Alemania los tripartitos CDU-FDP-Verdes son conocidos como una coalición tipo «Jamaica»


Tal y como se esperaba, las políticas de inmigración e integración han determinado el resultado de las elecciones alemanas. Las oleadas incontroladas de refugiados y migrantes de 2015-16 iban a pasar factura y el recibo ha llegado. Pero el coste no ha sido tan grande para Angela Merkel como se temió en aquel momento. Entonces se pensaba que pondría fin a su carrera. Obviamente no ha sido así. Ni siquiera es cierto lo que se oía ayer de que su resultado es mucho peor de lo esperado: se le pronosticaba un 34 % de apoyos y ha tenido un 33 % según las proyecciones disponibles ayer noche.

La explicación está en las alternativas. El votante que quería castigar a Merkel por su decisión de abrir las fronteras no podía irse al SPD, que estaba de acuerdo con esa medida. Ese voto de protesta se ha ido, evidentemente, hacia la extrema derecha AfD, que también ha obtenido el 13 % que se esperaba. Pero parte de ese voto indignado también se ha fugado hacia el centro para revivir al FDP. Porque los liberales han basado su campaña, en gran parte, también en una crítica de las políticas migratorias de Merkel. En realidad, el rechazo a esas políticas es incluso mayor de lo que reflejan los resultados electorales. Una encuesta revelaba ayer que el 49 % del conjunto de los votantes alemanes -de todos los partidos- consideran que el AfD «ha entendido mejor que las demás fuerzas los temores de la sociedad alemana».

El hundimiento del SPD no ha sido tampoco mayor del proyectado -se esperaba un 21 % y ha sido un 20 -, pero eso no lo hace menos catastrófico. Sus dirigentes quieren atribuirlo a los efectos de haber participado en la coalición con Merkel. Es una teoría, aunque la realidad es que el declive de los partidos socialdemócratas europeos es desde hace años una constante casi universal. Su decisión de pasar a la oposición es lógica, y Merkel se lo agradecerá, sin decirlo. De no hacerlo, elevarían a la AfD a principal partido de la oposición, lo más parecido que hay en una democracia a ganar las elecciones.

Esto aboca a Merkel a una coalición tipo «Jamaica», como se conoce en Alemania a los tripartidos CDU-FDP-Verdes, porque sus colores respectivos replican los de la bandera del país caribeño. No es topónimo que inspire ideas de estabilidad, pero ha funcionado muchas veces a nivel local y regional. A escala federal, donde cuenta la política económica, es más complicado. La hostilidad en este campo entre los liberales, que en Alemania son muy radicales, y los Verdes es conocida, como también lo es la mala relación entre ambos y el partido hermano de la CDU, la CSU bávara.

Pero, si dan los números, y considerando los peligros que entraña una repetición electoral, la coalición tiene que ser factible. Desde luego, los liberales están ansiosos de volver al Gobierno después de haberse quedado fuera incluso del Parlamento hace cuatro años. Y los Verdes pueden vender a sus bases la necesidad de sacrificarse para «frenar a la AfD». Que es lo que también intentará Merkel.

No nos engañemos, lo hará asumiendo una parte del programa del partido paria.

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