Cataluña. Ira


Proemio: Desde que se implantó el carné de conducir por puntos, una fue la vez en que me sancionaron con una resta: 4 puntos (y 200 euros) por saltarme un semáforo en rojo. Sabiéndome un conductor atento y sosegado, la sanción me hizo daño. Pero sucedió algo que incrementó ese daño, porque, en cierto modo, no me salté el semáforo. Llevaba a mi esposa al trabajo y, efectivamente, el semáforo mostraba el rojo, y me detuve; al poco, cambió al verde y reinicié la marcha: vi ese maravilloso color y mi mente, ajena en ese instante a mi voluntad, me impulsó a meter la primera y pisar (suavemente) el acelerador, cuando en realidad el verde estaba en la flecha de giro a la derecha, mientras el rojo, para ir de frente (mi dirección), permanecía inalterable. No hubo riesgo de accidente porque a esa hora, pasadas las 6 de la madrugada, no había otros vehículos en ese cruce. Se lo expliqué a un poli local (Oviedo) y él lo comprobó en la fotografía, pero me dijo que la ley es la ley, y lo dijo con una cara que parecía decir «y ahora, ¡aire!». No se me aplicó atenuante, que bien lo merecía, porque cosa bien distinta es la involuntariedad, la ausencia de peatones y coches y que fuera despacito, y otra, el que, aumentando la velocidad, con tráfico intenso y multitud de peatones, se folla al rojo rojísimo. Y este es un caso menor. Los hay muy graves. Personas que se equivocan, buenas personas, a las que se les infligen un daño superior al delito.

Texto: El proemio tiene la intención del contrate. Si todo fuera verde, no habría rojo, y a la inversa. Porque se contrastan, ambos existen. Pues bien, en resalte con lo escrito aparece apabullante lo que acaece en una superficie de poco más de 32.000 kilómetros cuadrados, donde ha sido abolido el Código Penal y la Constitución, por lo que se puede hacer lo que le salga de los huevos a quien le salga. Un tipo, Carlos Puigdemont, en su pleno juicio (¡?), se amotina contra la democracia en nombre de la democracia (¡?), secundado por otro tipo, Oriol Junqueras, y por una vasta bastedad de parlamentarios que, en conjunto, representas al 47 por ciento de los electores. Una tipa, Carmen Forcadell, con otros cuatro colegas de mesa, tumban sus propias leyes, amén de las del Estado. Otro, Jorge Turull, escenifica la Divina Comedia del ahora ángel caído Francisco Homs (¡i Molist!: este debe remontar su ascendencia de Vich al Homo ergaster africano). Otra tipa, Ana Gabriel, cabeza visible del Sortu catalán, llama a la insurrección barriobajera. Multitud de tipos, coordinados por otros tipos identificados, acosan, insultan y golpean a guardias civiles y policías nacionales que cumplen misión como agentes judiciales (obedecen órdenes de los jueces, no de Rajoy). Más tipos amenazan de muerte a quienes, sencillamente, quieren ser leales legales. Etcétera, etcétera. Y ni les restan 4 putos puntos en el carné. ¡Joder, soy un pringadillo!

¿Qué puede producir este contraste? Ira. Una ira que aumenta hora tras hora al saberse que el amotinamiento crece al ritmo de la falacia y la manipulación, que ya han creado una realidad paralela, más real que la real, porque solamente algunas veces, de tanto en tanto y en un momento de reseca tras un subidón ultra patriota, se pueden llegar a hacer esta reflexión: «¿Qué hago yo aquí?”

Escolio 1: La CUP llama a los Mossos a la lucha por la «libertad» (su libertad). José Luis Trapero, por lo que hace y no dice, está dispuesto. Juan Ignacio Zoido envía más refuerzos, y ya sobrepasan los 10.000, para limar la desventaja numérica con la policía catalana (cerca de 17.000). Pero muchos miles más de civiles están esperando para combatir por la «democracia» (su democracia), distanciándose de la perversión de sus acciones haciendo lo que las élites intelectuales de la subversión les ordenan, cuan autómatas, y con la intención ruin de eximirse de toda conciencia culpable, y para no excluirse, como los adolescentes que se pliegan, incluso se humillan, para ser aceptados en la banda: es la armadura para atravesar la VERDAD sin contaminarse con ella.

Escolio 2: Unos 300 curas han proclamado que las urnas son sacrosantas. Aducen argumentos en la línea de la anticlerical Gabriel (CUP) y del energúmeno Rufián (ERC), aunque tengo para mí que les ha impulsado una razón de más peso, divina: su dios (Dios) se les habrá presentado a través del Espíritu Santo (¿quién demonios será el Espíritu Santo?) y les habrá hecho saber que está celoso de Yahvé, que cuenta con un pueblo predilecto (el judío) y una tierra (Israel), y Él no, y que siendo guay ser el Supremo de toda la humanidad y de todas las tierras, sería super guay serlo también en particular, dios personalísimo de esos desdichados que malviven en poco más de 32.000 kilómetros bajo el yugo de la Roma de Tito. Dios lo quiere, claman las sotanas del Llobregat y afluentes. Misión y obra divina (Opus Dei), pues, la de estos 300, que rememoran el sacrifico de los 300 de Leónidas en las Termópilas. Zeus acogió a estos espartanos en el Olimpo; ellos se sentarán a la derecha del Padre (o a la izquierda, o encima, o de bajo, vaya usted a saber). Ah, una duda: ¿es demócrata Dios, pero no demócrata a la catalana, por supuesto?

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