El último sobresalto: lenguaje bélico


El historiador Xavier Doménech, últimamente uno de los líderes de Catalunya en Comú y que se hizo célebre por un beso en la boca a Pablo Iglesias, acaba de definir el despliegue de policías en Cataluña como «lógica de guerra». Dos días antes, Ada Colau le preguntó en un acto público a Rajoy si su proyecto es «arrasar Cataluña». Ese lenguaje resulta atractivo para la prensa extranjera y el Corriere della Sera habló hace nada de «la guerra catalana». Aquí dentro abundan las crónicas que hablan del 1-O y sus prolegómenos como «batalla» o «contienda». Y uno de los recursos para imaginar la reacción del Estado ante la independencia es imaginar «los tanques entrando por la Diagonal». El lenguaje belicista es cada día más habitual.

Quizá sea inevitable, dado el nivel de confrontación que suscita el referendo y que sugiere la propia palabra guerra, que solemos aplicar a todo tipo de conflictos: guerra sindical, guerra de liderazgo, guerra de los socialistas… Apenas hay un conflicto al que no se aplique ese concepto. Pero ayer hemos visto una escena insólita: la salida de coches de la Guardia Civil y de la Policía Nacional de Algeciras y otras ciudades hacia Cataluña. Grupos de ciudadanos los despedían en la calle ondeando banderas de España y entregándoselas a los agentes. En algunos lugares se les animaba con el grito de «a por ellos, oé»… A por los independentistas, claro está.

He visto esas imágenes y me recordaron las películas en que una multitud despide en alguna estación de tren a los soldados que se marchan al frente. Esas gentes de ayer no veían en los guardias a garantes del orden público y a valedores de los derechos cívicos. Veían a héroes que iban al frente catalán a defender la nación española, a restablecer la legalidad violada y a mantener la unidad de la patria. Por eso lucían y blandían banderas constitucionales. Desde el último partido de la selección de fútbol en el estadio Bernabéu no se habían visto tantas enseñas nacionales en la calle.

No me extraña que el Ministerio del Interior haya querido marcar distancias con esos fervores. Hay una parte de la opinión publicada que ve de forma automática a grupos de extrema derecha en esos abanderados, que es la maldición histórica que pesa sobre nuestra enseña. En nada beneficia a las fuerzas del orden verse vitoreadas por los extremismos, reales o imaginados. Y todo el independentismo catalán se alimenta de esas imágenes. Lo que en Algeciras fue aliento popular a los guardias, en Cataluña se traducirá como llegada de las «fuerzas de ocupación». Así de sensible está todo. Así se fabrica un cisma. «Lógica de guerra», dice Doménech. Lógica de una tensión, digo yo, que Dios sabe en qué terminará.

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