Un escenario de victoria imposible en Cataluña


Star Trek. El comandante de una nave debe rescatar a una aliada, el Kobayashi Maru, en territorio enemigo. Si no va a por ella, la destruyen. Si emprende el rescate, le sorprende una flota enemiga, lo que también supone el fin de la partida. No hay más alternativas. Ni opción de final feliz, salvo que hagas trampas. Es un escenario de victoria imposible, una prueba de carácter, como el que afrontamos en Cataluña

Antes del 1-O nos enfrentábamos a una consulta ilegal y desacreditada. Después de la jornada del referendo el panorama se ha complicado. La batalla de la propaganda la ganaron los soberanistas, ayudados por la difusión masiva de las imágenes de la actuación policial y por la torpeza del Gobierno a la hora de construir un relato alternativo o de desmontar las cifras de heridos y de votos ofrecidas, de manera unilateral, por el Govern.

Fue un inmenso error. Lo reconoce el PP cuando dice que el independentismo ha pasado de cabalgar a lomos del mentiroso «España nos roba» a galopar sobre el aún más efectivo «España nos pega». El procés ha cambiado de caballo. Y también de jinete. Los Jordis (líderes de las asociaciones independentistas) y la CUP marcan el paso hacia la declaración unilateral de independencia (DUI), hacia el famoso choque de trenes con España, una terrible encrucijada. 

La secesión es una quimera. No es aceptable constitucionalmente y no es viable en el actual contexto europeo. Conviene mirar más allá de los Pirineos, ampliar el mapa y leer este artículo del Washington Post: «Cataluña hizo un referendo. Y Rusia lo ganó»

¿Y ahora qué? Aún tras el discurso del Rey, parece arriesgado utilizar el famoso artículo 155 sin un respaldo amplio. Y no existe. Hemos asistido y asistimos a muchas maniobras políticas pensando en futuras elecciones en Cataluña y en España. Casi todos piensan en ganar, ignorantes -o no- de que estamos en un escenario de victoria imposible: todos pierden, pero algunos más que otros. Ojo, la historia dice que, en estos casos (desafíos secesionistas), suele ser la mitad oeste del territorio peninsular la que paga la factura. 

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