Extremismos


Dice el hispanista estadounidense Stanley G. Payne que a los españoles nos gusta llevarlo todo al extremo. Por eso podemos pasar tan fácilmente de la genialidad a lo ridículamente grotesco. Es probable que Payne tenga razón y que ese extremismo sea nuestra condena. Las peores páginas de nuestra historia están escritas desde el radicalismo, el sectarismo y la intolerancia. Justo lo que hemos visto revivir en Cataluña. La intransigencia de quienes creen en posesión de la verdad única y hacen de la sociedad un campo de batalla en el que solo vale la victoria final. Un escenario en el que los ciudadanos son aliados o enemigos, sin término medio. No hay espacio para el diálogo porque no hay lugar para la razón. Por eso no importan las leyes ni la justicia, es solo la fuerza del grupo. Apoyo sin límites para los míos, odio a muerte para los demás.

O conmigo o contra mí. Una lógica binaria, de buenos y malos, que se ha impuesto en Cataluña, pero que desgraciadamente se está extendiendo por el resto de España. Alentada por un radicalismo político que se alimenta del conflicto y la desesperación de la gente, y replicada desde el extremo opuesto por quienes el desafío secesionista les ha dado fuerzas para salir de la caverna en la que vivían agazapados.

Puede que tenga razón Payne, pero el extremismo que tanto daño nos ha hecho no puede ser una condena a perpetuidad. La historia se construye día a día desde la libertad. En nuestras manos está cambiarla, como ya se hizo hace 40 años, mal que les pese a quienes denostan el régimen del 78. Mejorable y reformable, como todo, pero la demostración de que es posible definir un universo de convivencia en el que cada cual pueda desarrollar sus potencialidades. Solo es necesario aplicar una lógica de renuncia a las aspiraciones máximas en favor de un espacio mínimo común en el que todos podamos estar cómodos. Es el cimiento de cualquier sociedad. Y nada mejor para asentarlo que unas elecciones. Una oportunidad única para revertir la lógica de los últimos tiempos y construir un nuevo futuro en común.

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