No solo es Cataluña, señor Iglesias


Voy a arriesgar un pronóstico. Casi todos los periódicos de hoy destacarán dos detalles del barómetro del CIS: uno, que Cataluña se ha convertido en el segundo problema nacional; otro, que el partido político Podemos pierde votos por su actitud ante el intento de secesión de Cataluña. Eso es, efectivamente, lo que está en el barómetro y este escribidor propone a sus lectores dos mínimas discrepancias con tan caro, tan serio, tan solvente y tan riguroso informe demoscópico.

Primera discrepancia: no creo que Cataluña sea el segundo problema. Creo que es el primero. Ni soy sociólogo ni poseo los instrumentos de la más pequeña empresa de investigación social. Pero basta salir a la calle y hablar con la gente para percibir esa inquietud, por no decir ese miedo. Se ponen banderas nacionales en los balcones. Y otro detalle: ¿se imaginan que La Sexta dedicase al paro la programación que dedica a Cataluña? ¿Qué datos de audiencia tendría? En cambio, con Cataluña se consagró como referente informativo a nivel nacional. Conectó con el interés de la gente. Mi única duda es si lo hace porque Cataluña se convirtió en un reality show.

Segunda discrepancia, esta vez con los analistas iniciales del barómetro: no creo que Podemos baje en expectativa de votos solo por su posición en la cuestión catalana. Baja porque está resultando un partido excéntrico, cuyas propuestas conducen más al enfrentamiento que a la construcción de un país. Aquella frescura de proyecto que alumbró el 15M degeneró en un discurso repetitivo a cargo de líderes que solo saben hablar de corrupción, aunque se les pregunte por el cambio climático. Observo que la gente no acaba de ver en Podemos una alternativa real de gobierno para España, sino un empeño enfermizo en derribar al actual gabinete que preside Mariano Rajoy. Tampoco intuye entre los morados a un equipo de gobernantes, sino que percibe un hiperliderazgo que conduce a un culto exagerado hacia la figura del secretario general y a una sumisión al jefe que, si no se practica, provoca la marginación, como se ha visto en el caso de Carolina Bescansa.

Esa imagen es para este escribidor la causa real del goteo del descenso, que comenzó antes que la recta final del procès catalán. Y observo que siguen en la misma línea. Han inventado un nuevo concepto, el «bloque monárquico», que sigue aportando ingredientes para la división. Y ayer mismo, Irene Montero, la mujer fuerte del partido, se permitió decir que en España se vulneran los derechos humanos. Y lo dijo con este énfasis: «cada día y de forma sistemática». ¿Sabe la señora Montero qué son los derechos humanos? ¿Sabe el daño que hace a su país con una denuncia tan grave como frívola? Creo que no lo sabe. Pero el ciudadano sí. Por eso les empieza a retirar la confianza. Es una pena. Por Podemos y por el país.

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No solo es Cataluña, señor Iglesias