Achicoria para todos


Los que tienen cierta edad saben de lo que hablo. Achicoria. Como en A Coruña saben lo que es la cascarilla. Tiempos de poco dinero y mucho esfuerzo. Otras épocas. El Cupo vasco no anuncia nada nuevo. Solo es un amago de estabilidad política a cambio de dinero, como se ha hecho siempre en este país dañado que es España. Cuponazo lo llaman y llevan razón. La España de la Transición se hizo a golpe de talonario: el famoso café para todos. El problema es que ya no hay dinero para café. Como mucho, achicoria y cascarilla. O mejor dicho: queda café para Cataluña y para el País Vasco, pero me temo que los demás nos vamos a tener que contentar con los sucedáneos. Siempre pensé que Ciudadanos era un partido efervescente, pero su firmeza con la secesión catalana y su postura totalmente heroica contra el Cuponazo vasco demuestra que saben que tienen un filón de votos en un montón de españoles que están hartos de las distintas varas de medir. Rivera ha encontrado su sitio, el caladero de centro que hizo presidente a Adolfo Suárez. Ya está bien de tomarnos el pelo autonomía a autonomía. Franco silenció las entonces provincias vascongadas con industrias. Y Cataluña, con fábricas. Siempre el dinero. El dinero, y el rey, fueron los que hicieron que la burla de la secesión quedase desnuda. Pero todavía no nos hemos recuperado y ya asistimos a otra ceremonia del desconcierto con esta manera de garantizar una legislatura llenando la que ya es una de las zonas más ricas de España con euros. De la rentabilidad económica a la rentabilidad política: ese es el vergonzoso trayecto. El PNV ha hecho caja en euros y luego la hará en votos. Los nacionalismos vascos y catalanes siempre han sabido que detrás de la cifra viene la papeleta. El ser humano es así. Cataluña no reaccionó, tras el golpe en la mesa del rey, hasta que empezaron a irse las empresas. La nómina es lo único que importa. Ya saben: poderoso caballero es don Dinero. El oro todo lo compra. Todos tenemos un precio. Etcétera. Lo único que falla es que el resto de los españoles estamos hartos. Y, aunque hemos sacado la cabeza del pozo de la crisis económica, la mayoría siguen ganando sueldos que da vergüenza decirlos en voz alta. No se dan las condiciones para seguir tomándonos el pelo y creando, con Cuponazos y conciertos, españoles de segunda y de tercera categoría.

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