Feminismo de boquilla


Internet y las redes sociales han otorgado al feminismo una visibilidad que veníamos reclamando desde hacía siglos. Es una lucha que siempre ha estado ahí, pero que actualmente dispone de más canales para actuar y difundir sus mensaje a más personas, pero esto solo no te hace feminista.

Claro que siguen existiendo personas que desconocen, o se resisten a comprender su significado, pero lo que está claro es que este término está cada vez más presente en el imaginario colectivo y cada vez hay más personas que se declaran feministas. Pero, ¿se corresponden las palabras con las acciones?

El feminismo implica lucha, compromiso, no basta ser ni apoyar un feminismo silencioso y amable, un feminismo que no debe gritar ni luchar demasiado para no incomodar.

Lo peor de todo es que aún son muchas las mujeres (en cargos políticos o trabajando en igualdad) que son feministas de boquilla, que perpetúan un falso mensaje y que tratan de desvincularse del feminismo activo. «Yo soy feminista, pero a veces os pasáis». «Yo creo en el feminismo, pero en el que lucha por la igualdad». «Yo soy feminista, pero…» Y ya sabéis lo que sucede cuando se añade un «pero» a estas afirmaciones, ¿verdad?

Está bien hablar sobre feminismo y declararse como tal, pero esto no sirve de nada si a la hora de la verdad no se hace nada por cambiar las cosas. El feminismo implica quejarse, opinar y luchar aunque traten de frenarnos. El feminismo no es amable ni pretende serlo. El feminismo incomoda, al igual que lo hace la lucha contra el racismo y la homofobia, pero no tenemos por qué regalarle los oídos a nadie. 

Las verdaderas feministas gritamos, sí, y quién no nos quiera escuchar, puede marcharse. Pero, desde luego, que nadie intente hacernos callar.

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