Marta Rovira, sola ante el peligro

La sustituta de Junqueras ha dilapidado las buenas perspectivas electorales de ERC


En el mes y un día que lleva Oriol Junqueras en la cárcel, su sustituta, Marta Rovira, ha logrado dilapidar las buenas perspectivas electorales con las que partía ERC, que según el CIS de ayer ya no será la primera fuerza política. Rovira se dio el primer trompazo hace dos semanas en el programa de Jordi Basté en RAC1, al denunciar sin ningún tipo de prueba que el Gobierno había amenazado con muertos en las calles si no se paraba el procés. Fue un autogol inesperado, porque jugaba en casa, y le volvió a ocurrir dos días después en la pública Catalunya Ràdio con Mònica Terribas. En este caso jugaba en casa y con el árbitro comprado, pero cuando Junqueras se quiso dar cuenta ya iban perdiendo 0-2. Aunque el escenario sea favorable, el feeling de Rovira con los popes del periodismo indepe está a años luz del que tenía su jefe. Y no solo por el bajo nivel de la sustituta. También porque quienes durante años predicaron la llegada de la buena nueva son ahora los primeros en sentirse engañados, y piden explicaciones.

El primer partido fuera de casa fue con Àngels Barceló, en la Ser. Fue el 0-3 («La unilateralidad es un invento del Estado»). La deriva desastrosa de Rovira, que como dice Xavier Sardá es una «perita en dulce» para el unionismo, ha continuado cada vez que ha abierto la boca. Y la goleada acabó de consumarse el domingo, en el terreno neutral de Évole, donde Arrimadas le dio un repaso.

Rovira tiene dos problemas: el primero es que forma parte de la primera generación educada en la inmersión lingüística y le cuesta un mundo expresarse en castellano. Suena como una intérprete que se está traduciendo continuamente a sí misma. El segundo es que en cuanto se siente amenazada salta un resorte en su cerebro que la obliga a mentir. Muchas son mentiras innecesarias. Algunas de ellas, mentirijillas. A Àngels Barceló le llegó a decir que no recordaba el tuit de las 155 monedas de plata de Rufián.

Esquerra siempre fue una pelea de gallos, tanto en la época de Àngel Colom y Pilar Rahola primero, como en la de Carod Rovira después. Ahora es un partido unipersonal, con un cuadro dirigente hecho a la medida del gran líder. Y con el líder en la cárcel, las vergüenzas quedan al descubierto. Por eso Junqueras siguió el consejo de Puigdemont («Haced lo que haga falta para salir») y comulgó con ruedas de molino. Pero de momento sigue en Estremera y ha dejado a Rovira sola ante el peligro.

Puigdemont, envalentonado

Mientras tanto, Puigdemont seguirá al menos una semana más envalentonado en Bruselas, como el único defensor que le queda al procés, liberado de la marca corrupta de CiU, y con una lista que obligará a los simpatizantes de la ANC a elegir entre mamá (Carme Forcadell, ERC) y papá (Jordi Sànchez, JxCat). Inés Arrimadas seguirá creciendo en el flanco unionista, donde va a ir a votar hasta el gato de los Estopa. Y los comunes recibiendo guantazos indepes en Twitter dirigidos por igual a Ada Colau y Pablo Iglesias, empeñados en mantener la equidistancia imposible. Qué poco agradece Rufián los aplausos entusiastas de Iglesias en el Congreso de los Diputados.

Esto no ha hecho más que empezar, pero ni en sus peores pesadillas imaginaba Junqueras, el gran muñidor de la república interruptus, un escenario como el actual.

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