Empieza el fuego amigo


Utilicemos una socorrida licencia vargasllosiana. ¿En qué momento se jodió Cataluña? Para entender el punto de inflexión en el que la derecha nacionalista convergente abrazó el soberanismo hay que retrotraerse al 2012. Pocos meses antes, Mas y la entonces presidenta del Parlament Núria de Gispert (la que quiere extraditar a Arrimadas a Cádiz) tienen que entrar en la cámara en helicóptero, porque Barcelona es una ciudad sitiada por los indignados del 15-M, que protestan contra los recortes.

El nacionalismo catalán ha perdido la calle y el relato victimista que le ha mantenido en el poder desde la llegada de la democracia. Y en ese caldo de cultivo nace la ANC, una asociación que aglutina a una amalgama de organizaciones independentistas. El objetivo es recuperar la calle y el relato, con un argumento que con el tiempo prende en buena parte de la sociedad: el Gobierno recorta porque España nos roba, vayámonos de España y seremos la Dinamarca mediterránea.

Ya entonces una desconocida Carme Forcadell, en gira por todos los pueblos de Cataluña, vislumbra lo que ha acabado ocurriendo: «La independencia no saldrá gratis -explica en enero del 2012 en un acto celebrado en la localidad de Viladecavals-. Tendrá un precio y algunos tendremos que estar dispuestos a ir a la cárcel. Para eso necesitaremos el apoyo de mucha gente, porque no puede ser que vayamos a prisión cuatro pringados».

Siete años después sabemos que Forcadell no hablaba con el plural mayestático que hizo aun más grande a Induráin -«hemos ido bien, las piernas han respondido…»-. En cuanto tuvo ocasión, Forcadell cantó la traviata en el Supremo para no integrar el grupo de pringados de Estremera. Y su ausencia ha sido el silencio más sonado en esta primera semana de campaña. En su entorno explican que obedece a su perfil institucional -traducción, al miedo que le tiene al juez Llaneras, que al fin y al cabo la tiene en libertad con una fianza de 150.000 euros-. Pero en ERC han saltado todas las alarmas y mañana saldrá del retiro para debutar en un mitin en Badalona.

Han sido suficientes cuatro días de campaña para que Junqueras se dé cuenta de que era un suicidio la estrategia de ungir a Marta Rovira (desaparecida con un gripazo tras coger frío en Bruselas) y esperar el 21D para pasar el rastrillo. ERC corre serio riesgo de ser engullida por el efecto Puigdemont. Y por eso ayer comenzó a evidenciarse el volantazo en la estrategia republicana: más protagonismo para los consellers que estuvieron en la cárcel y menos manitas con Convergència.

Romeva y Mundó han iniciado el fuego amigo. El primero acusó a los consellers huidos de dejarlos en la estacada camino de la cárcel. Y el segundo ha sido el primero en decir que el rey está desnudo: se ha atrevido a pedirle a JxCat que defina un candidato alternativo, porque Puigdemont no podrá tomar posesión. Desde Bruselas, el ex presidente replicó al instante a través del plasma: la prioridad es restituir el Gobierno cesado, y cualquier otra cosa es abrazar el 155 de Rajoy y Soraya. A lo que Ruben Wagensberg, uno de los candidatos de ERC, enseguida replicó con que no se puede engañar a la gente, que esto no va de líderes sino de personas, y que hay que asumir ya que Puigdemont «no podrá volver para ser investido».

Los próximos días serán apasionantes en el flanco indepe. El difícil equilibrio para dejar en evidencia las mentiras del vecino cuando tú participas del relato con las tuyas propias será muy difícil de mantener las dos próximas semanas.

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