España, quizás el país más fuerte del mundo


Le atribuyen al Canciller de hierro Otto von Bismark, forjador de Alemania, una frase singular que nos concierne: «España es el país más fuerte del mundo, lleva siglos tratando destruirse a sí mismo y todavía no lo ha conseguido». ¿La dijo Bismark realmente? No lo sé, ni sé de quién lo sepa, pero no por ello ha dejado de reiterarse la cita como un rotundo argumento de autoridad para explicar nuestra azarosa navegación a través de la Historia, hasta hoy mismo, es decir, hasta este lío catalán que ahora afrontamos.

Habría que darle la razón a Bismark -en el caso de que la afirmación sea suya- ante la realidad de desapego que se fomentó en Cataluña y se consintió por parte de gobiernos del Estado español. De esto ya no nos queda ninguna duda. Ni UCD, ni el PSOE ni el Partido Popular acertaron a atajar unos males que, estando muy a la vista, ni siquiera se intentaron corregir. A veces porque, para formar gobierno, se necesitaban los votos de los diputados nacionalistas catalanes. De ahí han venido los lodos que lo han embarrado todo hasta hoy. Es decir, las mentiras, la propaganda ridícula y falsificadora y todo eso.

Lo han explicado muy bien algunos intelectuales críticos, como el dramaturgo catalán Albert Boadella, que se atrevió a escenificar el Ubú rey de Alfred Jarry (bajo el título de Ubú president) como un Jordi Pujol guiñolesco, resentido con España, que hacía y deshacía a capricho en favor de su Cataluña. Puede el lector ver y escuchar en Internet una conferencia reciente del dramaturgo en la que desbarata hechos diferenciales como la sardana («que viene de finales del XIX, de la mano de un andaluz, Pepe Ventura», que hizo esas músicas), las torres humanas («a las que antes subían los niños charnegos y ahora lo hacen moritos»), etcétera.

Y se pregunta ¿cómo es posible defender estas cosas como rasgos diferenciales?, ¿cómo se pueden esgrimir como elementos de separación? Según Albert Boadella, hay «una mayoría que está en este delirio». Y el error mayor, dice, «fue trasladar la educación a las comunidades autónomas, algo que no ha sucedido en toda Europa». Pero quizá España es ese país más fuerte del mundo, como dicen que dijo Bismarck. ¡Quién sabe! A lo mejor lo somos de veras. ¡Ojalá!

A veces se necesitaban los votos de los diputados nacionalistas catalanes. De ahí han venido los lodos que lo han embarrado todo hasta hoy.

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