Los retos del noroeste


Director general del Banco Sabadell Gallego

No sé si conocerán o quizá hayan oído hablar de Baoshan y Minhang -personalmente, yo tampoco he tenido la suerte de conocer estos dos populares barrios de Shanghái-, que suman 4,3 millones de habitantes. Como tampoco he podido (aún) visitar las llamadas zonas Este 1 y 2 de la brasileña São Paulo, que superan también ampliamente los 3 millones de vidas. En Galicia y Asturias, dos territorios tan históricos como el que más, viven 3,7 millones de almas.

El mundo es global y la tecnología lo ha hecho tan accesible y tan cercano que a veces asusta y es tan ágil que parece casi inmediato, porque en él las cosas suceden tan rápido que ya se ha hecho viejo ese refrán que dice aquello de que «oveja que bala bocado que pierde»; porque hoy las decisiones empresariales, directivas, financieras y de inversión de los mercados se deciden con una rapidez que nos obliga no ya a responder, sino a adelantarse a las preguntas.

Sin duda, en Galicia y Asturias podemos buscar combinaciones hasta encontrar algo que nos convenga y nos permita sacar pecho de nuestro posicionamiento territorial o autonómico, pero creo sinceramente que, en el mundo que nos ha tocado vivir, esto es quizá lo menos relevante. Sinceramente, creo que lo verdaderamente importante para nuestros tres millones largos de convecinos no es otra cosa que el que nos vean trabajar -todo lo juntos que seamos capaces- para resolver todo aquello que nos sea común; porque de lo contrario seremos muy poco, por no decir que no seremos nada.

¿Y en qué tenemos que trabajar unidos?

Sin duda, nadie mejor que los presidentes de Galicia y Asturias, Alberto Núñez Feijoo y Javier Fernández, personas que, por cierto, son un ejemplo de políticos serios y honrados, trabajadores y con visión de Estado, para analizar cuáles son esos asuntos comunes; aunque yo no puedo evitar apuntar algunos de ellos porque no nos equivoquemos: a todos nos irá bien si a nuestras queridas Asturias y Galicia les va bien también.

La conexión ferroviaria del noroeste con los grandes ejes de comunicación europeos, esencial para que el aumento de la competitividad e internacionalización de nuestras empresas no se quede en un brindis al sol; la colaboración aérea y portuaria; la implantación de la tecnología 4.0 en nuestras empresas; la implementación de medidas conjuntas que logren la capacitación de nuestros jóvenes a través de una formación práctica de calidad que dé respuesta a las demandas laborales de las empresas, sin competir en un entorno de escasos kilómetros. O, por supuesto, la protección conjunta de nuestro medio ambiente y la lucha contra los incendios. Son solo algunos de los temas de los que merece la pena hablar y hablar entre nosotros, para que después nos hagan caso quienes le ponen nombre y apellidos a las cosas en unos presupuestos que son de todos y no solo de unos pocos. Está claro que, en el noroeste, los gallegos y los asturianos tenemos ante nosotros retos de suficiente magnitud como para que hablemos.

No quiero terminar sin hacer referencia al pasado encuentro de presidentes autonómicos de Castilla y León, Galicia y Asturias celebrado hace unos días en Oviedo en el que se habló también del denominado «invierno demográfico», un problema que si no se aborda con celeridad puede acarrear unas consecuencias demoledoras; tan demoledoras como que en próximas ediciones de estos «Encuentros del Eo» -que nacen para continuar en el tiempo- tengamos que compararnos en población no ya con algunas ciudades chinas o iberoamericanas, sino con barrios de ciudades más pequeñas de nuestra vieja Europa.

Decía Balzac que «la resignación es un suicidio cotidiano». Yo, que tengo la suerte de vivir cada semana a caballo de estas dos formidables tierras, créanme que no veo personas resignadas, sino luchadoras; gentes con ganas de ocupar un sitio de privilegio en el futuro; un futuro que, más que nunca, será de quienes trabajen juntos y sin complejos por el bien común, un bienestar que es de todos y que no entiende de fronteras ni físicas, ni mentales, ni ideológicas.

Galicia y Asturias tienen el reto de afrontar desde el rigor, la realidad y la visión de futuro aquellos retos que pueden integrarnos en el mundo global y competitivo del futuro o dejarnos sumidos en la periferia del pasado.

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