Tras las dudas, el duelo


Si alguna duda quedaba sobre la irracionalidad del desafío secesionista, la lectura de la agenda del cerebro del procés las despeja todas. El documento incautado a Josep María Jové demuestra, primero, que ha habido una concertación política para saltarse la legalidad. Y que en esa conjura estaban implicados cargos públicos y los dirigentes de los partidos. Nada que no supiéramos ya, al margen de la apreciación que de los hechos haga el juez Llarena. Pero también revela algo más significativo: que todos ellos eran conscientes de que el proceso no llevaba a ninguna parte, que no tenían posibilidad real de conseguir lo que se proponían, pero que, una vez anunciado el referendo, este se haría fuera como fuera. Y esta obstinación en lo imposible es lo que descalifica a unos políticos que no solo no rectifican, sino que amenazan con volver a las andadas tras el 21D. Incidir en el error es una grave equivocación, pero hacerlo sabiendo sus nefastas consecuencias es, además, una ruindad moral imperdonable. Porque quienes acaban sufriendo son los catalanes, abocados nuevamente al enfrentamiento, a la frustración, o a ambos.

El proceso judicial en marcha evidencia la esquizofrenia en la que se han instalado los dirigentes independentistas. Ante el juez, asumen la legalidad. Pero en los mítines, lo contradicen y siguen erre que erre con el desafío al Estado. Es evidente que se trata, en un caso, de una artimaña procesal para salir de prisión y, en el otro, de un señuelo electoral para obtener más votos el 21D. Todo ello pone de relieve la artificiosidad de unos postulados políticos que no son, como nos quieren hacer creer, la respuesta a una demanda del pueblo sino, al contrario, una forma de estimular una ensoñación sin visos de realidad. Pero excitar los sentimientos de la gente para después frustrarlos es una canallada que, además, genera un profundo y peligrosísimo malestar social. Saben que es así y, sin embargo, reinciden. Tras una aparente marcha atrás, el empate electoral que pronostican los sondeos ha enardecido el duelo entre Puigdemont y ERC, que han entrado en una loca espiral como la que los llevó al 1-O para intentar demostrar quién es más fiel al desafío. ¿Puede caber mayor locura irracional?

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