Falló la cuestación


Una lástima, porque lo intentó hasta la extenuación, pero no pudo ser. Con que cada uno de los que lo animaron a la desobediencia, y ya no digamos de los que lo votaron aquel 9 de noviembre, hubiese puesto un euro, solo un euro, a estas alturas el carismático líder Artur Mas no habría sido embargado por el juez. Pero como, por lo visto, la caridad funciona entre los independentistas catalanes a los mismos niveles que en el resto de la sociedad; es decir malamente, desde ayer el expresident, reside en una vivienda embargada.

La cuestación que puso en marcha el antecesor de Puchi no tuvo éxito; al menos el que él esperaba. Y a la vista del escaso eco que la patriótica petición recogió y ya cansado de aguardar, el Tribunal de Cuentas decidió ayer el embargo de su vivienda para hacer frente a la parte de la fianza de casi cinco millones y medio que le fue impuesta por el mal uso de fondos públicos para la consulta, o lo que fuera, del 9N. Lo mismo que a otros cuatro miembros de su comparsa.

Hay que reconocer que la llamada del ex tuvo más éxito cuando convocó a las urnas que cuando pidió un euro. Recorrió platós de televisión, aprovechó cualquier intervención pública, utilizó las entrevistas, para decir una y otra vez que «con un poco de generosidad de todos los que fueron a votar aquel noviembre del 2014 el problema podría quedar resuelto». Pero todo fue inútil porque también es cierto que hay que tener un optimismo desaforado para, sabiendo lo que sabemos, ponerse a pedir dinero en Cataluña. Y eso solo se le ocurre a Mas. A los catalanes se les puede pedir que participen en consultas que no lo son, que cuelguen esteladas en los balcones o que se vayan en procesión a Bruselas a pasar el día festivo, pero proponerles que echen la mano al bolsillo resulta un estrepitoso fracaso, aunque quien lo haga sea el mismo que les alumbró el camino de un mundo mejor y a quien deberían de guardarle devoción eterna. Las cuestaciones hay que hacerlas bien y por una causa justa para que tengan éxito y mirar bien a quien se le pide.

Quizás le cueste creerlo y hasta niegue la realidad, pero Mas ha fracasado en el intento de pasar la gorra y podría haberse evitado el disgusto a nada que hubiese tenido la prudencia de echar la vista atrás y ver lo que ya le aconteció a Lola Flores cuando, a inicios de los años 80, y con Hacienda reclamándole 170.000 euros, dijo la histórica frase de «si una peseta me diera cada español…» solucionaría el problema. Y ahí se quedó la pobre.

El embargo no implica el desahucio y eso no deja de ser un consuelo para el carismático líder. Podrá seguir utilizando la vivienda pero ya no podrá negar que acaba de sufrir una gran decepción, un serio golpe anímico, al ver cómo millones de entusiastas independentistas lo dejaron a los pies de los caballos. Por un euro cada uno. Parece mentira, pero es que en cuestiones de dinero, los independentistas son como todos los demás. Un tanto agarrados.

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