Un gran golpe a la igualdad


El ganadero contrata a un lobo para vigilar a las ovejas. Después los animales menguan y las barrigas de los amigos del lobo engordan de manera obscena. Muchos se lamentan, pero no el ganadero, que sonríe, eructa, se felicita, tuitea y se quita la careta. Es el mismísimo Donald Trump. El lobo feroz se llama Ajit Pai. Es el responsable de la Comisión Federal de Comunicaciones. Y trabajó mucho tiempo para los mismos a los que ahora ha beneficiado: las grandes telecos de EE.UU.

La víctima, el rebaño devorado, es un principio fundamental para la sociedad digital en la que todos vivimos (incluso los fariseos que abominan de ella pero se aprovechan de sus ventajas): la neutralidad de Internet, que hasta ahora garantizaba que los datos no sufrían discriminación en esa gran autopista de la información que es el ciberespacio y protegía al usuario de las maniobras de los grandes proveedores de acceso a la Red.

La desregulación será muy dañina. Aún estamos sufriendo de manera intensa los perjuicios que causó la del sistema financiero internacional. En este caso, en el de la neutralidad de Internet (que intentó blindar Barack Obama), los padrinos de la reforma son los mismos que bendijeron el crack: los que prostituyen el concepto de libertad declarando la guerra a la equidad y a la igualdad de oportunidades.

Para completar el negro panorama conviene recordar otro aspecto. En el intenso debate que se vivió en EE.UU. antes de que se consumara este golpe aparecieron diez millones de comentarios falsos: trolls, bots y creadores de fake news aplauden con las orejas.

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