Cornetín, redoble y cambio de tercio


Los ganadores morales de la noche electoral son Inés Arrimadas, la mejor candidata en la contienda, y Ciudadanos, un partido estatal y conservador que obtiene (con 37 escaños) la pole para las ya próximas elecciones. Todo lo demás queda peor de lo que estaba. En días pasados se habló mucho de cambio de época. Pero yo, aprovechando que el Tribunal Constitucional repuso el derecho a celebrar corridas de toros, prefiero hablar de cambio de tercio. Y no solo para rebajar la impostada solemnidad del momento, sino para dejar claro que la corrida independentista solo acaba de empezar, y que hasta ahora solo hizo lo más fácil -recibir el toro a porta gayola, hacerle la burla con una larga cambiada, y dejar en el albero aromas de valentía-. El momento ya vivido es el que más encandila a turistas y fotógrafos. Pero la corrida empieza ahora, y cada tercio -de varas, banderillas y muerte- tiene creciente dificultad. Y, dado que «hasta el rabo todo es toro», el espectáculo que viene tiene un incierto final. 

Lo que terminó ayer, para entendernos, fueron los capotazos afarolados, el primer desplante y el traje de luces impoluto. Y lo que empieza hoy es una larga lidia que ya se va a desarrollar de acuerdo con las normas legales, bajo la vigilancia gubernativa, y con la evidente intención de que el final sea el acostumbrado: un torero manchado de polvo y un toro descabellado. Aunque nadie puede asegurar -y ahí está el intríngulis- que el torero no se vaya a jugar su propia suerte entre el quirófano y el cementerio.

Lo que tiene de bueno la corrida es que está regulada por ley, y que, una vez iniciada, se suceden los tercios de manera inexorable. Ayer cabían, básicamente, tres situaciones. Una mayoría independentista -que de hecho se dio- que queda condenada a enfrentarse en y por el poder, mientras el constitucionalismo gana cohesión en la oposición. Una mayoría constitucional, que hubiese mostrado sus divisiones en el poder, mientras los independientes se hubiesen reagrupado en la oposición. Y un bloqueo irresoluble que forzase en pocos meses unas nuevas elecciones.

Lo curioso es que, confirmada la fragmentación política de Cataluña, no es fácil establecer cuál de las tres hipótesis antes expuestas carcome con más eficacia y rapidez las entrañas del procés, porque el cambio de tercio es inexorable y el alto riesgo que se agazapa en el albero amenaza por igual a todos los protagonistas de la corrida. Y eso equivale a decir que el momento culminante del separatismo audaz, chuleta y afarolado ya ha pasado, y que todo empieza a caminar, en medio de sustos e incertidumbres, hacia una suerte final todavía muy lejana.

De momento no ha pasado más que eso. Pero mañana empezaremos a verle la casta al toro y la maestría a las cuadrillas. Y entonces hablaremos, durante años, de este espectáculo. Porque solo al final podremos ver si sacamos el pañuelo para llorar o para pedirle a la autoridad las orejas y el rabo.

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