En defensa del ayuntamiento progresista de Madrid y de su alcaldesa

OPINIÓN

28 dic 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

A cinco meses de la convocatoria de elecciones municipales, el gobierno del PP a través del ministro de Economía Montoro crea la mayor crisis en el gobierno municipal de Madrid con su política autoritaria y austericida de control financiero de las instituciones públicas, desde el momento en que el concejal de Economía obliga a la alcaldesa a sustituirle, por su negativa a aprobar los recortes negociados con el ministro de Economía, el neoliberalismo ha ganado otra batalla más a la izquierda, como en Cataluña.

En los mundos de Yupi, sería clamorosa la denuncia popular contra la venta de la alcaldesa a las políticas austericidas y extraterrestres del PP y al poco rigor democrático de la decisión, pero en el mundo real que vivimos, y del cual debiéramos partir, visualizaríamos perfectamente a la puñetera sociedad autoritaria y depravada, capitalista y neoliberal en que vivimos y adoptaríamos estrategias y tácticas de defensa de lo conquistado como en cualquier guerra, acorde al momento de hegemonía política y social que el gobierno del PP tiene, para aplicar su política autoritaria, genocida y terrorista, desde el apoyo que tiene del parlamento español con una mayoría absoluta, compuesta por el PP, Cs, CDC, PNV, CC y por los hechos vistos, de la mayoría absoluta de los 85 diputados del PSOE. Del senado mejor ni hablar.

Pero a los que viven en los mundos de Yupi no les afecta, porque el ego de su dignidad está por encima de todo esto, que en teoría es una de las prioridades en la gestión del Ayuntamiento de Madrid y que así debe ser ya que por eso ha sido bloqueado por el gobierno del PP. Decir que a la política económica de Montoro su ética les impide apoyarlas porque son políticas de austeridad y de recortes es no enterarse del mundo real en que viven y una inconsecuencia táctica de comportamiento político, poniendo su ego personal por delante de la dignidad y derechos de las personas marginadas y excluidas, por las cuales luchamos. Esa actitud egocéntrica es dar baza al enemigo, porque lo que buscaba con su provocación es que el más tonto salte como en Cataluña y dé motivos para otro 155. Por eso la alcaldesa, como buena estratega y conocedora de correlaciones de fuerzas y de la legalidad autoritaria de esta democracia, negocia y cede. La revolución no se hace desde las instituciones y menos aventuras.

Situémonos en la realidad política. La izquierda plural en el parlamento suma 82 diputados, se podría sumar alguno proveniente del ala izquierdas del PSOE, pero por posicionamientos que conocemos ante los distintos apoyos dados al PP difícilmente llegarían a la decena y eso en unas condiciones más favorables para la izquierda que las actuales. Esto quiere decir que la mayoría que apoya al PP en el parlamento español supera los doscientos cincuenta diputados de un total de trescientos cincuenta. Desde una mayoría formada por estos partidos, hicieron en la anterior legislatura la reforma exprés de la constitución imponiendo el artículo 135, base de la legislación de las políticas austericidas. Hicieron todas las reformas laborales con la connivencia de los sindicatos, haciendo con el despido libre, que el desempleo, la precariedad, la flexibilidad horaria y funcional más una subcontratación continuada sea su estilo de vida y trabajo, donde el sueldo no llega al salario mínimo y la jornada supera la legal.

Podemos hablar de las guerras que provocan, a quiénes venden las armas que fabricamos, a dónde mandamos nuestros soldados, como los que intervienen desde la OTAN en Afganistán y la frontera Rusa o financiando mercenarios fascistas islamistas, como en Siria o Irak, o con armas, inteligencia y de forma mediática como en Ucrania o Venezuela. Podemos hablar del hambre, la miseria y el genocidio en estados y pueblos, que la política imperialista de este gobierno y las fuerzas políticas que lo apoyan en el parlamento, están provocando en nuestro entorno, el mediterráneo o en el planeta.

Hablemos de la Europa de la que formamos parte, de cómo doblegó arteramente al reformismo griego progresistas de Siryza, de forma antidemocrática e ilegal bajo las normas europeas, permitiendo que los empresarios, banqueros y profesionales sacaran todo el dinero en metálico de Grecia y cómo de forma ilegal desde la Comisión Europea y el Banco Central de Europa impidieron el abastecimiento de dinero cuando en ningún momento Grecia como estado, había entrado en quiebra. Recordemos la humillación que estas oligarquías financieras realizaron y siguen haciendo del gobierno progresista griego, con el apoyo y las risas del gobierno español y los partidos que lo apoyan. No es comparable, es lo mismo.

Mejor, hablamos de cómo en medio de una corrupción por parte de la casa real y de los partidos que apoyan al gobierno, con presidente y ministros implicados con nombre y apellidos en las investigaciones fiscales, judiciales y policiales, siguen sin ser imputados y manteniéndose en sus puestos, riéndose de la legalidad y la democracia gracias a un sistema judicial exento de profesionalidad e independencia. Mejor hablemos de la calidad de nuestra democracia, cuando en medio de toda esta vorágine de corrupción e imputaciones de la cúpula del PP y del partido, de toda la vieja cúpula del PSOE, solo en Andalucía son más de trescientos cargos institucionales imputados, donde representantes institucionales como la presidenta de Andalucía, sigue en su puesto contenta y feliz o hablamos de la antigua CDC, con sus presidentes encausados y ahora adalides de las libertades. Esto que vivimos en España y Europa no supera la fase de democracia formal, si le diéramos una forma legal se quedaría en una dictadura democrática formal de la oligarquía financiera y las multinacionales, como instrumento de explotación y expropiación de bienes, sueldos, pensiones y propiedades de la clase obrera y los pueblos del mundo.

Pero mejor, hablemos de lo más actual, de cómo esa mayoría parlamentaria se pasa por el forro el sistema judicial español y su estado de derecho, la constitución y la democracia  y conjuntamente con la burguesía catalana se montan un paripé autoritario, cercano al fascismo, impidiendo una absurda consulta popular, con un fin no confesado pero que ahora ya todas las personas lo conocemos: crear la capacidad legal consentida públicamente de la intervención autoritaria en aquellos espacios políticos institucionales, que con la ruptura del bipartidismo en las anteriores municipales habíamos conseguido, donde la ciudad de Madrid ocupa conjuntamente con Barcelona y otras ciudades liberadas, espacios de demostración de que otra política es posible y que la honradez existe, en la forma de hacer política.

Pero unos supuestos radicales de izquierdas proclaman maldades de la alcaldesa, por ser consciente del mundo en el que vive y por querer defender esos espacios municipales al servicio del pueblo y protegerlos de la intervención autoritaria del gobierno y partidos que lo apoyan, para que mañana en las elecciones municipales podamos defender una gestión democrática, social y sin estupro de las instituciones. Lo que la alcaldesa ha demostrado es la capacidad de dar un paso atrás para defender el espacio conquistado, porque es lo revolucionario y no entregárselo a los sátrapas del gobierno y partidos que lo apoyan. Pero los más revolucionarios por vivir en los mundos de Yupi, prefieren dar una baza a la oligarquía financiera y fondos de inversión, que quieren destrozar el Madrid popular; eso sí sintiéndose muy héroes, seguirán comiendo perdices bajo las risas de la derecha fascista y corrupta, por el gol metido a la izquierda en Cataluña y Madrid. Porque, lo siento, un revolucionario no hace la revolución desde las instituciones, las ponen al servicio de los procesos revolucionarios de las masas, donde se fortalecen o se revientan y ahora, a la defensiva social como estamos toca defenderla y fortalecerla, porque Madrid, Barcelona y otras ciudades conquistadas cumplen un papel positivo al servicio de las masas y a la liquidación definitiva del bipartidismo neoliberal, demostrando a pesar de los pesares, que otra política es posible.