Recuerdo para estúpidos revisionistas


Permítanme un leve ejercicio de nostalgia. Es que hoy es el día de Reyes, se celebra la Pascua Militar y don Juan Carlos, que ayer se nos hizo octogenario, vuelve a aquel salón donde hace cuatro años transmitió al país la imagen de que ya no estaba en condiciones de seguir en el trono. Aquel 6 de enero de 2014 se culminó la tormenta perfecta que se había desatado sobre la Corona: Urdangarin, Corinna, el accidente, el «no volverá a ocurrir», las encuestas de pérdida de popularidad y, finalmente, el agotamiento y la dificultad para leer el discurso con la televisión en directo. Ocurrió en el mismo lugar donde hoy volverá a estar Juan Carlos I. ¿Por qué quiero hacer un ejercicio de nostalgia? Porque hoy la Pascua Militar se ha quedado en un acto protocolario en el que, como máximo, se señalan las ya conocidas prioridades de la Defensa y en los discursos se hace mucho la pelota al estamento castrense. Cuando al militar no le pueden subir el sueldo, le conceden medallas o le regalan los oídos.

Pero no siempre fue así. Cuando Juan Carlos de Borbón llegó al trono, los hoy pacíficos uniformes eran vestidos por personajes levantiscos. La opinión pública exigía democratización, y aquellos señores habían ganado una guerra y no querían perderla ante unos rojos que habían vuelto del exilio o habían salido de las cárceles y sus partidos habían sido legalizados. En esas condiciones había comenzado a reinar Juan Carlos I. Y se había propuesto ser motor del cambio. Y tenía que darle la vuelta al régimen que aquellos uniformados defendían.

Fue un trabajo de orfebre abrir la puerta a los socialistas, a los comunistas, a los nacionalistas sin que reventase la estructura que había creado el Generalísimo. De esa forma, los cronistas de la época medíamos cada palabra del rey, porque cada palabra encerraba un mandato. Y entre todas esas palabras, una: disciplina, la exigencia de disciplina, para sofocar el ruido de sables que se escuchaba en las salas de banderas de los cuarteles. Así se hizo la democracia: con una mano para abrir la puerta a las libertades y otra para contener los levantamientos. Y me parece justo recuperar esos recuerdos porque es 6 de enero; porque el rey Juan Carlos vuelve allí; porque no hay uniformados rebeldes; porque el Ejército es demócrata y por algo más: porque hay jóvenes revisionistas que no tienen puñetera idea de lo hecho por sus padres y tratan de convencer a las nuevas generaciones de que todo aquello fue un apaño. No, jóvenes lectores: fue un trabajo de artesanía de un rey y una clase política entre las dos Españas y evitaron que chocaran.

Fue una tarea valiente, histórica y patriótica. Fue un precioso ejercicio de tolerancia y autoridad.

Así se hizo la democracia: con una mano para abrir la puerta a las libertades y otra para contener los levantamientos

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