Otra vez el libro-escándalo


El «libro que contiene revelaciones potencialmente devastadoras para el presidente» es casi una tradición en la política norteamericana. Apenas ha habido alguna presidencia sin el suyo. Bill Clinton tuvo que padecer La vida secreta de Bill Clinton. Obama tuvo su Estrella en ascenso. Como se fue haciendo Barack Obama. El de George W. Bush tenía incluso un título parecido: Hijo afortunado. George W. Bush y cómo se fue haciendo un presidente norteamericano. Y George Bush Sr., y Ronald Reagan… Y así sucesivamente. Ninguno de esos libros logró cumplir la promesa de derribar al presidente de su pedestal. También es improbable que lo consiga la última adición al género: Fuego y furia. Dentro de la Casa Blanca de Trump, que se publicaba ayer con gran expectación y, en algunos sectores, esperanza. 

Se entiende el nerviosismo. El año que empieza es crucial para la política norteamericana. Si los demócratas logran ganar mayorías parlamentarias en las elecciones de mitad de mandato, podrán bloquear las iniciativas de Donald Trump. Podrían, incluso, iniciar un proceso de destitución. Es su gran oportunidad de rentabilizar los errores -y más que errores- que ha cometido el presidente. Pero los demócratas también han cometido, y siguen cometiendo, sus propios errores, y uno de ellos es su falta de cuidado a la hora de buscar argumentos contra Trump.

Este podría ser el caso con Fuego y furia. Nada de lo que se sabe del libro anima a darle demasiada credibilidad. Su autor es Michael Wolff, un antiguo experto en márketing con una pésima reputación, y las fuentes que ha utilizado son, fundamentalmente, antiguos aliados de Trump que ahora están resentidos con él por razones personales. El más importante de ellos es Steve Bannon, hasta agosto pasado jefe de estrategia de la Casa Blanca, quien, por lo visto, hace comentarios mordaces sobre Trump y, en particular, sobre su yerno Jared Kushner. Pero, más allá del morbo, y contrariamente a lo que desean creer los medios, lo que ha trascendido es de poca consecuencia para alguien con una imagen tan pésima como Trump.

De hecho, la controversia podría incluso acabar beneficiando al presidente. Bannon, hasta ahora la bestia negra de los progresistas, lo es también para la corriente principal del Partido Republicano, que le ve como un populista peligroso. Distanciándose de él, Trump se mueve hacia el centro y tiende puentes con el partido, del que se había alejado demasiado. Por otra parte, y considerando los precedentes de Wolff, es muy posible que el libro termine desmentido, lo que vendría a dar argumentos a Trump, que siempre insiste en que los medios que le son hostiles no tienen empacho en recurrir a «noticias falsas» para cargar contra él. Lo que, desgraciadamente, es cierto. Y también incomprensible, considerando que con la verdad debería bastar y sobrar.

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