Pablo Iglesias, desaparecido


Nos estuvo dando la matraca con ese mantra falsario de ni DUI ni 155, como si saltarse la ley fuera lo mismo que reponerla. Tras el batacazo electoral de los Comunes el 21D, Pablo Iglesias está desaparecido, ha enmudecido. De su defensa a ultranza de Xavier Domènech ha pasado al silencio, como si el hundimiento no fuera con él. El verborreico líder de Podemos, que adora los micrófonos, chupar cámara y tuitear, no ha dado una sola explicación para justificar el fracaso de su estrategia seguidista de la falsa equidistante Ada Colau, siempre presta a echar un cable a los independentistas.

Aquel Podemos aliado con los Comunes que ganó dos elecciones generales en Cataluña se ha quedado reducido ahora a solo ocho escaños. Incluso los suyos le advirtieron de que su discurso era fatal, algunos en público como Bescansa, convenientemente purgada, otros optando por un perfil bajo como Errejón, al que ha logrado domesticar con su aviesa promesa de que será el candidato morado a presidir la Comunidad de Madrid. ¡Hasta Monedero llegó a decir que no quedaba otra que aplicar el 155! El desastre es de tal magnitud que Podemos ha pasado de dar por hecho el sorpasso al PSOE a ser sobrepasado por Ciudadanos, según todas las encuestas.

Mientras la Operación Rivera para sustituir a Rajoy está en marcha en determinados centros de poder, Podemos corre el peligro de convertirse en la cuarta fuerza, sin ninguna capacidad de entrar en el Gobierno. A años luz de lograr la vicepresidencia, los ministerios claves, el CNI y la RTVE que Iglesias exigió a Sánchez cuando este despachaba con el Rey. Ya ni siquiera el PSOE le quiere como socio preferente. Quedamos a la espera de que Iglesias se explique.

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