Las verdades del banquero

Pedro Armas
Pedro armas EN VIVO

OPINIÓN

10 ene 2018 . Actualizado a las 08:54 h.

Rato, el que iba para presidente y acabó de banquero, comparece ante la comisión que investiga la crisis financiera. Comparece, pero ya nadie de él se compadece. Rato se exculpa e inculpa a los demás. Ya no está en la bancada, sino en el banquillo. Las verdades del banquero no son las verdades del barquero. Caronte, el barquero que transporta las almas de los mortales al inframundo, mientras les va contando verdades irrefutables, es un tipo sincero. Rato, el banquero que usa tarjetas opacas en el inframundo financiero, mientras va contando mentiras infumables a los mortales, es un tipo falso.

El banquero no nace, se hace. Se forja su carrera política como diputado, ministro y vicepresidente. Se forra en su carrera empresarial como director de institución monetaria internacional, asesor de multinacional y presidente de banco. Para sentarse al banquete de los banqueros, se especializa en fraudes, malversaciones y blanqueos. En la sobremesa ya puede conversar, con la tranquilidad de quien tiene la espalda cubierta, sobre oligopolios, privatizaciones y rescates; sobre estrechar las relaciones entre la política y la banca o detraer rentas del trabajo para derivarlas a rentas del capital. Fuera, a los mortales les habla de libre competencia, buena gestión y eficiencia. En el banquete y en el banquillo su conducta es intachable, como afirman comensales y magistrados.

¿Se habrá inspirado Rato en El banquero anarquista de Pessoa? Aquel anarquista pragmático que, para liberarse de la tiranía del dinero, decide dedicarse a la banca, con el fin de acumular cantidades ingentes, convencido de que la falta de dinero lleva a la servidumbre y la abundancia de dinero lleva a la libertad. A fin de cuentas, como decía Bernard Shaw: «El dinero no es nada, pero mucho dinero ya es otra cosa».