Solbes reconoce que la pifió


Apareció ayer Pedro Solbes -ministro de Economía de Zapatero entre abril del 2004 y abril del 2009- en el Congreso para explicar su papel durante la última crisis financiera que asoló España. Llegó bien encorbatado, sonrisa en la boca, cara amable y dispuesto a no elevar hasta la estridencia el tono de su discurso. Se mostró tranquilo, incluso cuando reconoció -sin sonrojarse- que había sido uno de los responsables de arruinarles la vida a cientos de miles de familias españolas.

El exministro explicó que vio desbocarse el mercado inmobiliario y no le puso freno; que se equivocó totalmente en las previsiones económicas; que no detectó la fuerte recesión española en el 2009, y además confesó que no se veía capaz de ir a las elecciones disparando a la ciudadanía con la palabra crisis. En otro alarde de sinceridad, el exdirigente político explicó que sabía que el sistema financiero necesitaba recapitalizarse, pero que la medida se dejó para un mejor momento porque tocaba apostar por gastar el dinero que había en los famosos planes E -sirvieron para adecentar miles de kilómetros de aceras en todos los municipios de España-, en poner en marcha la ayuda de los 400 euros y en los conocidos como cheques bebé.

Para sorpresa de todos, Pedro Solbes también precisó que las preferentes con las que se intentó recapitalizar las cajas de ahorros fueron un gran producto, pero comercializado de una forma nefasta. La culpa, dijo, no fue de él, sino del Banco de España y de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). ¡Faltaría más! Por eso el exministro llegó tranquilo a sede parlamentaria. Le bastó con poner el ventilador para relajarse. Él tenía un jefe que se llamaba José Luis Rodríguez Zapatero al que había que obedecer. Y nada más. Es cierto que Pedro Solbes, que después de irse del Gobierno fue consejero en la eléctrica Enel y en Barclays aprovechando un movimiento giratorio de puertas, reconoció ayer que la pifió con su gestión como ministro llevando al país prácticamente a la bancarrota. Pero la pregunta clave sería: ¿pagará sus errores de alguna manera? No. Quizá la única moneda de pago para tan mal trabajo ministerial esté resumida en esta cita del ilustrado francés Voltaire: «La parte más filosófica de la historia es hacer conocer las tonterías cometidas por los hombres». Empecemos.

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