La canciller impone sus condiciones


El acuerdo entre Merkel y Schulz tan solo marca el terreno para una futura negociación de gobierno, pero aclara dónde están las cosas en el panorama político alemán. Muestra que Merkel es consciente de que, aunque precaria, su posición es más sólida que la del socialdemócrata Schulz. Son los conservadores quienes han impuesto sus exigencias. La limitación anual de número de solicitantes de asilo estaba cantada, porque ese fue el asunto principal de la campaña electoral, y seguramente el que les hizo perder más votos a los partidos tradicionales. Pero se rechazan también las subidas de impuestos a las rentas más altas que pedían los socialdemócratas y, sobre todo, el que era su proyecto estrella, la reforma de la seguridad social para fusionar pública y privada en una sola entidad estatal. A cambio, Schulz recibe poca cosa: mejoras en las pensiones y promesas de inversiones en educación y en la «economía digital», ese clásico moderno del repertorio de las promesas vacías.

En definitiva, Merkel se lo ha puesto muy difícil a Schulz, pero demuestra una vez más el aplomo y la frialdad de análisis que siempre la ha caracterizado: se ha dado cuenta de que, aunque necesite la gran coalición, su prioridad es mantener unido a su propio partido y su coalición con el partido bávaro de la CSU. Sin eso, lo mismo daría que pudiese forjar un acuerdo con los socialdemócratas. En Alemania, las elecciones de los estados federales, con su goteo de resultados, son una encuesta permanente de popularidad, y Merkel sabe que, si la CDU y la CSU no vuelven a ganar votos, sus días en el Gobierno, y al final los de la gran coalición, estarían contados.

No es extraño que ayer Schulz apareciese con un gesto hosco e insistiese en la dificultad que habían entrañado el acuerdo. Ahora tendrá que vendérselo a su partido en el congreso extraordinario que se va a celebrar en Bonn el 21 de enero; y aún eso será más fácil que lo que vendrá después de las negociaciones propiamente dichas: un referendo a las bases que, como toda consulta de este tipo, es siempre una lotería. Muchos en el partido, sobre todo entre los jóvenes, quieren precisamente pasar página de la era Merkel, que, con su invasión del centroizquierda, consideran que ha marginado al SPD del juego político.

Lo más probable es que, al final, los militantes se conformen. Pero si no es así se abrirían varias posibilidades. Un Gobierno en minoría de la CDU-CSU sería un auténtico experimento en Alemania, donde no hay tradición en este sentido. La siempre temida repetición de las elecciones podría conducir en el mejor de los casos a la parálisis (la repetición de los mismos resultados) y, en el peor, a un reforzamiento de los populistas de derecha de la AfD. Y en cualquiera de los dos escenarios cabría la posibilidad de que Merkel acabase ella misma con la era Merkel y diese un paso al lado con el fin de permitir a su partido girar a la derecha y recuperar terreno perdido a manos de la AfD.

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

La canciller impone sus condiciones