Operación Rivera


Tras ganar las elecciones catalanas, Ciudadanos está lanzado. Ya hay alguna encuesta que le coloca en cabeza de cara a las generales. Más aún, existe una operación en marcha en centros de poder económico-financieros para que Rivera sea el recambio de un Rajoy que parece agotado, aunque es sabido que el gallego de teflón tiene siete vidas. El espectacular ascenso naranja está causando pánico en el PP. Rajoy no ha hecho autocrítica alguna tras el desastre electoral en Cataluña, fiel a su habitual dontancredismo, ni es capaz de presentar un proyecto ilusionante de futuro, más allá del triunfalismo con que vende la recuperación económica, que sigue sin llegar a los de abajo. Súmese a este panorama la aparición regular de la corrupción, cuyo último esperpéntico capítulo ha sido la comparecencia del delincuente Rato en el Congreso. Mientras, Iglesias prodiga durísimas descalificaciones a Rivera, llamándole falangista o criatura del Ibex, y Pedro Sánchez denuncia la derechización del partido con el que pactó su investidura fallida. No es así, desde luego, como la izquierda debería combatir a la fuerza emergente del centroderecha, sino con propuestas e ideas progresistas que atraigan a los votantes y analizando por qué unos se estancan (PSOE) y otros caen en picado (Podemos). El auge de Ciudadanos amenaza con convertir el sueño del sorpasso al PSOE de Pablo Iglesias y su maestro Anguita en la pesadilla, cada vez más factible, de que sea el partido de Rivera el que supere a Podemos, e incluso a los socialistas. La supuesta autocrítica de Iglesias ante el varapalo que su alianza con Ada Colau ha recibido en las urnas, tan falsa como exenta de contenido, augura que no ha aprendido la lección. Y Ciudadanos sigue a lo suyo, viento en popa.

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