El holograma, «Black Mirror», el expresident y Calígula


El meme es de los que hacen época. Se ve al robot R2-D2 en el Parlamento catalán proyectando un holograma. En él no se ve a la princesa Leia pidiendo ayuda a Obi Wan Kenobi, sino al huido Puigdemont postulándose para la presidencia de Cataluña. Sería muy gracioso si no fuera porque amenaza con ser real. Para muestra, lo ocurrido en el arranque de la nueva legislatura catalana, cuando Jordi Turull cogió su teléfono, lo mostró y le pasó una llamada de WhatsApp del expresident al independentista que sucede a Carme Forcadell al frente de la cámara.

La escena podría haber salido en un capítulo de Black Mirror, esa serie que mira hacia nuestras entrañas y se atreve a asomarse a las zonas oscuras de nuestro futuro inmediato, ese que «ya está aquí». Netflix la promociona con imágenes del referendo del 1-O y lapsus de Rajoy. Tal vez nos están adelantando que algún día habrá un episodio que relate las aventuras de un presidente que gobierna por holograma. Pero será ficción, porque la investidura telemática es ilegal. Y no puede ser de otra manera. Si se abriera la puerta en este y otros casos tal vez, como dice Felipe González, podríamos investir a un elefante. Y tendríamos que recordar que hace casi dos mil años un emperador romano se atrevió a nombrar cónsul a su caballo. Se llamaba Calígula. Tampoco respetaba las leyes.

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El holograma, «Black Mirror», el expresident y Calígula