Habanos en el ascensor

OPINIÓN

25 ene 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

El ascensor de mi casa huele a puro. Los fuma mi vecino. Es un señor mayor que fuma donde quiere y porque puede. Habanos en el ascensor. Cada vez que subo en ese ascensor huelo la felicidad. Huele a Papá.

Mi infancia es una casa de fumadores, de unos padre que encendían un Winston antes de desayunar. En casa dejaron de fumar cuando el cáncer les obligó, no hubo fuerza ni voluntad: sino necesidad. Y mi casa no es la única, así pasó en muchas. Dejan de fumar cuando la muerte asoma la patita.

Cuando se fumaba en mi casa todos éramos felices. Mis padres eran jóvenes y yo era un niño. Mi casa olía a tabaco, a humo, a vino y risas.