España bascula a la derecha


Ciudadanos vive el momento más dulce desde su fundación. Las últimas encuestas apuntan que ya supera al PP en intención de voto y que se trata de la única formación de ámbito estatal que engorda con la crisis catalana. Aseguran también los análisis demoscópicos que el partido de Albert Rivera pesca en todos los mares, fundamentalmente en los caladeros tradicionales del PP, pero también en aguas del PSOE y de Podemos. Sería un prototipo de transversalidad o, como pretende su líder, fruto de un ensanchamiento del centro. ¿Pero dónde, en qué lugar preciso del espectro político, se ubica Ciudadanos?

Los españoles lo sitúan en la derecha y cada vez más escorado hacia posiciones reaccionarias. El último barómetro del CIS, que evalúa la posición ideológica que los españoles atribuyen a cada partido -del 1, extrema izquierda, al 10, ultraderecha-, le adjudica un 6,7. Nota que lo identifica como un partido claramente de derechas, aunque todavía un punto y medio menos que el PP. Hace tres años, Ciudadanos era, en la percepción de los españoles, un partido nítidamente de centro, con apenas una décima de inclinación a la derecha: lo situaban en el punto 5,1 de la escala.

Para los líderes que no se apellidan Rivera, la deriva de Ciudadanos hacia el extremo del tablero político todavía la consideran más drástica. Rajoy teme que Ciudadanos lo adelante por la derecha y Aznar considera que el PP se autodestruye por cederle sus «señas de identidad». Pedro Sánchez asegura que el partido de Rivera «se ha situado a la derecha del PP, y no solo en el tema territorial». Y Podemos lo tiene claro: Ciudadanos se ha convertido en la extrema derecha pura y dura.

Que un partido de ese perfil arranque mineral en las canteras de la izquierda merece una explicación adicional. Quizá la clave puede resumirse en dos palabras: Cataluña y populismo. La cuestión catalana se ha convertido en el epicentro de la política nacional y campo abonado para todo proyecto recentralizador que tanto fustiga el cupo vasco como el supuesto adoctrinamiento de diecisiete sistemas educativos. El populismo, presentado como proyecto regenerador por un partido aún sin mácula, sin gürteles ni eres ni palaus que le destrocen el discurso ético, constituye el otro factor de éxito de Ciudadanos.

Como regenerador se presentó también el dictador Primo de Rivera cuando suspendió la Constitución de más larga vida que tuvo España. El «cirujano de hierro» dio su golpe de Estado para acabar con la galopante corrupción de la Restauración, abatir el turnismo de conservadores y liberales, cancelar la «descarada propaganda separatista», corregir «la justicia influida por la política» y lograr el «descuaje del caciquismo». Fue el último populista de España, que incluso contó con la colaboración inicial de los socialistas de Largo Caballero.

Ya sé que las analogías históricas son odiosas, además de injustas. Borren esta y considérenla mero desahogo, pero no sin antes reconocer algunas coincidencias significativas.

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