Juanjo Arrojo, el polígrafo que quiso ser fotógrafo


Es una persona que siente curiosidad y se interesa por todo. Por un delfín varado en una playa, por un hórreo a punto de morir, por un bosque que se quema, por las aventuras y desventuras de la gente normal…

Tal parece que Juanjo Arrojo tuviera el don de la ubicuidad, reservado a los seres sobrenaturales. Y es que esta especie de trasgu con cámara fotográfica aparece y desaparece como los mares de nubes que tanto le gusta retratar.

En una majada o al pie de una sima, en una cumbre o en un valle, en una aldea escondida o en una ciudad a pleno ritmo, en medio del río o de la mar, esperando la mejor puesta de sol o el amanecer más impactante, el ojo de Juanjo no descansa y lleva un visor incorporado.

Y por supuesto el epicentro de semejante pasión por el arte y el conocimiento es su Asturias del alma.

Sin duda, Asturias y sus infinitos rostros son su gran amor fotográfico, y es que la obra de Juanjo es ya una referencia de cabecera para un exhaustivo viaje a las últimas cinco décadas de la vida de este vetusto y cada vez más olvidado reino milenario.

Juanjo Arrojo es una especie de polígrafo autodidacta y luchador que ha pasado por mil vicisitudes vitales, como buen artista, y que sigue manteniendo intacta su constante inquietud creativa y su ejemplar humildad para sentirse en cada paso y en cada pase un aprendiz. Juanjo, pese a ser un maestro, ejerce siempre de discípulo.

Trabajador incansable, sus años de oficio le han proporcionado uno de los más completos bancos de imágenes que existen sobre Asturias.

La devoción por su tierra es tan intensa y llamativa que llega a todos los rincones, y lo mismo está detrás de un quesu Gamonéu, que de rodillas ante la Virgen de Covadonga fotografiando al detalle cada uno de sus mantos.

Y un dato a su favor es que su corazón fotográfico late de manera ecuánime tanto por el occidente como por el oriente, sin olvidar el centro, y eso en esta localista y atomizada Asturias es muy de agradecer.

Juanjo Arrojo es por derecho propio uno de los pioneros de la fotografía turística asturiana, cuando por estos lares no se manejaba con soltura este concepto.

La verdad es que cada hórreo y panera de su amada Asturias tiene a este trasgu en vilo, observando cada detalle y salvaguardando su memoria, porque seguramente Juanjo siente que una cámara fotográfica no sirve para nada sin una mirada inquieta, sin un corazón sincero, y sin una mente clara y consciente de todo lo que nos estamos perdiendo en cada aldea desdibujada en el mapa de nuestras emociones.

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