Puigdemont, el trilero


Desde que la CUP lo entronizó como presidente de la Generalitat hasta hoy, prófugo de la Justicia en Bruselas, Carles Puigdemont se ha movido de truco en truco, de ilegalidad en ilegalidad, de mentira en mentira, de órdago en órdago. Para él, lo de menos ha sido gobernar Cataluña. Eso nunca le ha importado un carajo. Igual que ha despreciado vilmente a la mitad de los catalanes. Tras el fracaso histórico del procés, después de romperlo todo como elefante en cacharrería, dividir en dos a la sociedad catalana, provocar un gran éxodo empresarial y acabar con una de las autonomías más descentralizadas del mundo, ya no se trata, por ahora, de la independencia, sino de restaurarlo a él en el poder. Acabáramos. Pero sin someterse a la justicia, ya que se cree por encima de la ley. El Tribunal Constitucional le ha dicho que o da la cara en España o no hay investidura, ya sea telemática o interpuesta. Lo mismo que ya le habían advertido los letrados del Parlamento catalán y la inmensa mayoría de los constitucionalistas. En una muestra más de su cinismo, Puigdemont se ha mostrado satisfecho de que el TC haya evitado el «fraude de ley» que pretendía el Gobierno. ¡Un presunto delincuente, experto en fraudes de ley y en transgredir el Estado de Derecho, denunciando un fraude de ley! El zorro al cuidado del gallinero. Tiene cara para eso y para mucho más. Habrá que ver cuál será su truco final. En buena lógica debería arrojar la toalla y dejar que el independentismo eligiera a otro candidato. Pero, dados los precedentes, me temo que volverá a hacer lo peor para Cataluña, los catalanes y el resto de los españoles. Otra «jugada maestra», como sus abducidos definen sus jugarretas de trilero sin más recorrido que la provocación.

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

Puigdemont, el trilero