La cueva de Alí Babá y los ladrones del fútbol


Quique Pina siempre estuvo bajo sospecha en el mundo del fútbol. Sobre todo en los finales de cada temporada, donde mostraba una seguridad tal en que su Granada no iba a descender que por algunos era entendida de forma maledicente. Pero el Granada empezaba a ganar partidos y no bajaba. Ahora ha sido detenido por blanqueo de dinero, falsedad documental y delitos fiscales. De demostrarse todos estos delitos sería otro pasito más hacia la confirmación, si es que hacía falta, de que el fútbol ha sido durante años la cueva de Alí Babá, donde una serie de personajes se lo han estado llevando crudo a sus bolsillos a costa del disfrute y sufrimiento de millones de aficionados.

Si echamos un vistazo unos años atrás nos encontramos con un listado de personajes que fueron semidioses en sus territorios, llámense Del Nido, Lopera, Lorenzo Sanz, Villar, Blatter y una larga fila india. Sin olvidarnos de tipos más cercanos sobre los que también pesa la sombra de la sospecha, como Lendoiro, protagonista de una instrucción judicial muy avanzada por presuntos delitos societarios en el seno del Deportivo. La lista de personas que usaron el fútbol para fines personales y/o crematísticos es muy larga y a estas alturas no es necesario repicarla. Afortunadamente, las cosas cambiaron y el fútbol, con ser todavía un niño mimado de las administraciones, ha dejado de ser intocable. Se acabaron los tiempos en los que un presidente-pirata era una especie de Mesías con libertad de acción. Como si en el fútbol la piratería fuera tan natural como los goles.

Tardó, pero llegó el día en el que alguien gritó: «¡Ábrete, oh, Sésamo!». Y la UCO, la UDEF y Hacienda entraron en la cueva de Alí Babá para acabar con los ladrones.

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