Dios da el revés a una mano


El domingo me despertó Federer. De tanto que se adelantaba para restar el saque de Cilic acabó en mi habitación golpeando la bola. El sonido del golpeo del suizo me hizo dejar de dormir, abrí los ojos, y viéndole, me puse a soñar.

En la final de la Copa Davis que España perdió contra Chequia en Praga, escuché una conversación en el desayuno del hotel. Allí hablaban el padre de Alex Corretja (capitán de la Davis por aquella época) y uno de los preparadores, sobre Roger: «Tiene un don. Apenas tiene callos, no empuña la raqueta: la acuna entre su mano». Federer juega al tenis como Dios jugó a la creación: haciendo una obra perpetua y perfecta, pero con lugares oscuros y ciertas debilidades. Dios da el revés a una mano.

Cilic fue un digno rival, se retorció y forzó al suizo a dar lo máximo. Era imposible apartar la vista de la pantalla. Pese a que ya lo dijo Foster Wallace: «El tenis visto por la tele es al tenis en directo, más o menos, lo que el porno es a la realidad sensorial del amor humano». A cada revés de RF: una erección. Llegaron al quinto set, todo por decidir. Aquí se hizo patente la experiencia y la magnífica preparación física del de Basilea, que le permite estar en un estado de forma excelente y compaginar cenas en los mejores restaurantes con la máxima competición. Roger venció 6-1 y se hizo con el trofeo.

Federer ya era el mejor tenista de la historia con 25 años, y lo sigue siendo 11 años después. Cada vez que se habla o se escribe del suizo se resalta la belleza y elegancia de su juego. Pero el deporte de competición no se basa en producir algo bonito, en ser elegante, sino en ganar. Y él es un claro ejemplo de ganador. El domingo pasado fue una jornada histórica, de esas que se graban en la memoria, Roger Federer lograba su Grand Slam número 20. Tras estar algunos meses fuera de la máxima competición, muchos le daban por acabado: erraron. Hemos visto la redención del jugador perfecto, capaz de reinventarse y adaptarse a todas las situaciones. Con 36 años, y muchos torneos y trofeos a sus espaldas, aún mantiene la motivación y el ansia de triunfo. Nadie sabe cuándo se va a retirar, y es algo con lo que gana la humanidad. Cuando rompió a llorar en la Rod Laver Arena se me erizó el vello, hasta pensé que iba a anunciar su retirada. Pero sólo era un hombre feliz, liberado de la presión autoimpuesta que apenas le dejó dormir los días previos. Federer es el hombre que más Grand Slam ha conquistado en la historia del tenis. Roger Federer es carne y, a la vez, don: el mejor de la historia.

Comentarios

Dios da el revés a una mano