El enemigo en casa


Es la corrupción el gran sustractor de votos de un partido político. No obstante, existe en política otro elemento que puede servir como detractor de votos, que es la prepotencia.

 Si no fuera por ella, el Partido Popular gobernaría el país durante lustros, entre otras cosas porque nunca ha existido por estos pagos una oposición política tan mediocre como la que en estos momentos ejerce tal labor. Pero la prepotencia los ciega. Prepotente es anunciar quitas de la deuda a modo de premio para las autonomías que hicieron del malgasto su bandera durante los años más duros de la crisis, obviando a las que cumplen, a lo Montoro. Sin embargo no es Montoro el que mayor daño político le ha infligido a su partido, sino De Guindos: su modo de actuar en la confiscación del Banco Popular (confiscación, ese es el sustantivo) ha sido lamentable. Su estratagema política justificando esta incautación con el «gasto cero» para las arcas públicas ha sido bochornoso. Y a medida que se presentan demandas ante la confiscación, más crece la indignación de los más de trescientos mil accionistas del banco. Quizá todos sean militantes de Podemos. Pero es probable que una buena parte sean votantes fieles del Popular, y más en Galicia, clientes antiguos del Pastor: ¿Quién del PP les pedirá el voto? De Guindos es el responsable de los reguladores. Los que consintieron los cortos en Popular y cortaron los de Liberbank. Los que daban por buenas las cuentas. Los que recibían con agrado los test de estrés del BCE, siempre positivos. Los que se cruzaron de brazos mientras «alguien» hundía el Popular: ¿Cómo es posible que el mayor accionista de Santander, Blackrock, vendiera 98 millones de acciones entre el 30 y 31 de mayo? Ayer se publicó el informe no confidencial de Deloitte. Han pasado siete meses.

El PP sufrirá un daño político irreparable si esto no se corrige. Y no solo por las demandas que caen desde todas partes -de EE.UU. al último accionista- o por el prestigio detraído, sino por lo que pueda venir. Y más tras observar que los resultados del Banco Santander, su comprador (que le «hizo un favor» a España, según algún ministro) suben un siete por ciento. Y más desde que se especula con que el titular de Economía, Luis de Guindos, pueda ser vicepresidente del Banco Central Europeo. Me pregunto qué pasará si algún juez tira del hilo de la historia reciente del Popular: ¿cuánta porquería saldría a la luz sobre el proceso que llevó a la entidad a su desaparición? El PP tiene al enemigo en casa.

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