El último invento «indepe»


El último invento indepe, por ahora, es el Gobierno bifronte. Uno, simbólico, con sede en Bruselas, o en Waterloo, con Puigdemont como presidente «legítimo». Otro, efectivo, en Barcelona, que se dedicaría a gobernar, es decir de lo que se tendrían que haber ocupado Artur Mas y el propio Puigdemont durante los últimos años, en los que su único objetivo ha sido imponer el proyecto secesionista a más de la mitad de los catalanes que lo rechazan. La milonga se la ha inventado ERC para quitarse de encima a Puigdemont, que se resiste a ser una figura decorativa. A pesar de que en sus obscenos mensajes a Comín admitía su derrota y la traición de los suyos, en público traslada que está dispuesto a seguir dando la matraca. ¿A quién nos creemos, al abatido y derrotado político del WhatsApp o al contumaz y desafiante del plasma? Esas confesiones íntimas han mostrado de nuevo, esta vez de forma indiscutible, el doble lenguaje o, lisa y llanamente, la manipulación absoluta en la que se basa el independentismo. En privado saben, y lo dicen, según se ha visto en diferentes documentos internos, que la secesión unilateral o la investidura a distancia son imposibles; en público, actúan y hablan de forma opuesta. Ahora intentan vender a sus seguidores, siempre inasequibles al desaliento y capaces de tragar carros y carretas, que puede haber dos presidentes. Como si fuera normal. Con su arrebato de franqueza a través del móvil delator, a Puigdemont se le cayó de una vez por todas la careta, precisamente el día después de que muchos de sus partidarios se las pusieran para reivindicarlo. La clave es si aceptará el retiro que le ofrece ERC o seguirá jugando al cuanto peor mejor, provocando nuevas elecciones. Seguimos.

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