PP, una tendencia desalentadora


A los españoles, sobre todo a los políticos y a los periodistas, nos gusta una encuesta de intención de voto más que una gallina a un zorro. Cuando un periódico realiza una, la lleva a portada con grandes caracteres, como si no hubiese otra noticia en el mundo. Y si la encuesta es el barómetro del CIS, las radios la anuncian poniéndole más suspense que a las cifras del paro. Es lo que tienen las cosas del poder. Y, si quien ostenta el poder está en peligro, el interés mediático se multiplica por cien. Es lo que ocurrió ayer con ese sondeo del CIS: las expectativas se suscitaron porque las encuestas privadas publicadas después de las elecciones catalanas consagraban a Ciudadanos en detrimento del PP y se quería saber si esos pronósticos contaban con la confirmación del instituto oficial.

No los confirmaron del todo, porque el partido con más intención de voto sigue siendo el Popular, detalle que celebró grandemente el señor Martínez Maíllo, pero en los números de la encuesta se esconde una terrible verdad: la maldita tendencia. Desde el principio de los tiempos demoscópicos se nos dijo que una encuesta es una foto y lo que importa es la tendencia. Pues bien, la tendencia es esta: en enero de 2012, al PP lo votaba el 42,7 % del electorado; en diciembre del 2016, el 28,6; en las elecciones de junio del 2016, el 33; en noviembre de ese mismo año, el 34,5; en enero de 2017, el 33; en abril, el 31,5; en julio, el 28,8; en octubre, el 28, y hoy, el 26,3. Está claro que al PP se le vota más en las elecciones que en las encuestas, pero la tendencia es poco alentadora. Los datos de apoyo social explican el nerviosismo que hay entre sus dirigentes y la guerra abierta declarada de Ciudadanos.

¿Qué ha ocurrido desde hace un año para que el partido gobernante haya perdido nada menos que siete puntos de intención de voto, precisamente cuando el electorado parece girar a la derecha? A mi juicio, todo esto: 1) La crisis catalana, en la que los españoles no han apreciado buena gestión. 2) El Gobierno no consiguió ser un equipo simpático, sino un grupo de estadísticos fríos y de juristas distantes. 3) Los ciudadanos perciben lejanía de la atención a sus necesidades por la parálisis legislativa y la falta de iniciativa. 4) Se precipitó el desgaste del líder, como demuestra su poca valoración, casi al nivel de Pablo Iglesias. Y 5) Se ha roto el monopolio del centroderecha que hasta ahora ostentaba el Partido Popular.

El PP ha comenzado la tarea de demolición de quien le rompió ese monopolio. Puede ser una línea de recuperación, no lo sé. Pero seguirán los otros cuatro problemas. Por eso, derribar a Ciudadanos, aunque se consiga, no es la única solución.

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