De charco en charco


Pocos momentos dan tanto miedo a un político o a una política como cuando en una entrevista trabajada por su gabinete le hacen una pregunta no prevista. Si la pregunta es anecdótica, dará de que hablar durante un tiempo. Pero si la cuestión es de importante, les dejará (perdonen la expresión) con el culo al aire.

Y todo esto para hablar, ya no de la pregunta, sino más bien de la respuesta de Mariano Rajoy a si vería con buenos ojos que se sancione a las empresas que discriminan salarialmente a las mujeres. Mariano empezó a sudar, miró al guión, vio que no le habían escrito la respuesta, y una vez más se retrató «No, no, no. Yo creo que los gobernantes debemos ser muy cautos a la hora de saber cuáles son nuestras competencias y cuáles no y, desde luego, no hay ninguna que sea igualar salarios...No nos metamos en eso».

Solo en una política como la española un disparate así puede quedar impune.

Sin valorar la enorme importancia de la cuestión, esta respuesta describe y delata a nuestro «presidente»

Rajoy sugiere que la discriminación salarial de las mujeres ¿no es asunto del que deban ocuparse los gobiernos? Hoy en día no diría eso ni el más ultraneoliberal antirregulación 

Estamos ante una respuesta típica de quienes hablaban de 'violencia doméstica' o 'violencia intrafamilar', sugiriendo que lo que sucede en la intimidad del hogar debe quedar ahí... Sin embargo, sí considera que es de su competencia decidir sobre la maternidad de las mujeres o sobre la libetad de las personas de cualquier orientación sexual para casarse o descasarse con quien les dé la gana.

Me queda claro que Rajoy no ha oído hablar de la cuarta ola del movimiento feminista, ni le importa. Pero «querido» ¡estamos aquí! Y seguiremos luchando por nuestros derechos, nos meteremos en «todos los charcos» porque ni usted, ni su gobierno pueden seguir ninguneando a las mujeres, porque somos el 50% del talento de este país, y porque «si nosotras paramos, para todo» por todo eso, y por muchos motivos más, reclamamos y exigimos que se acabe con la brecha salarial, la cuál, desde su llegada al poder, no ha hecho más que enseancharse.

Por todo ello, «querido presidente» recuerde: discriminar salarialmente a las mujeres, además de una brutalidad social ¡es una ilegalidad!

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