El español de los políticos


Los políticos están dispuestos a utilizar casi cualquier cosa para atacar a sus adversarios. En ese combate emplean como munición hasta las infracciones de la norma del español. El último obús es la portavoza de Irene Montero, que, arropada por sus correligionarios, se aferra a tan forzado femenino, no se sabe si por convicción o por sostenella y no enmendalla ante sus feroces críticos.

Antes fue la conversión de envasar en embasar en un mensaje de la eurodiputada y profesora de lengua y literatura española Teresa Rodríguez. Los medios más críticos con ella y su ideario destacaron inmisericordes su «tremenda falta de ortografía», «burrada ortográfica» o «bestial falta ortográfica». El escenario del desliz fue Twitter, donde quien más quien menos muestra sus vergüenzas.

Los políticos se retratan en esos textos, bien sea escribiendo ellos directamente, bien sea a través de sus colaboradores, pero son aquellos quienes aparecen ante el lector como los autores. Así, Pedro Sánchez escribe gobierno con minúscula al citar el que preside Rajoy, porfía en el cansino compañeros y compañeras y promete hacer país con rigurosidad en vez de con rigor.

Mariano Rajoy se pirra por las mayúsculas, que aplica a nombres comunes como aniversario («el 40º Aniversario de nuestra Constitución»), historia («hemos forjado la mejor España de la Historia»), real decreto («la aprobación de un Real Decreto que...»), salario mínimo («una subida del Salario Mínimo») o a educación («La Educación es un eje capital»). Prescinde del punto en las abreviaturas de los ordinales (40º por 40.º), del espacio entre el número y el signo % (3,1% por 3,1 %) y usa «climatología adversa» para referirse al mal tiempo, cuando climatología es el ‘tratado del clima’ y el ‘conjunto de las condiciones propias de un determinado clima’.

En general, los ministros derrochan mayúsculas. La de Sanidad se las pone a nombres de enfermedades («la Atrofia Muscular Espinal»), y el de Interior, cuando habla del rey, hasta a los artículos («Su Majestad El Rey»). Y uno de los gerifaltes del PP, Fernando Martínez-Maíllo Toribio, quita -o le quitan- el acento gráfico de Maíllo en sus mensajes.

Alberto Garzón es bastante pulcro, pero tilda incluida en la i y cultiva el leísmo: refiriéndose a los de Ciudadanos dice que «lo mejor es ignorarles» y habla de «esas mismas familias que les aúpan».

Nadie está libre de tener un despiste o de caer en un error, grave o leve. Quien utilice los tropiezos ajenos para atacar se arriesga a que lo pongan en evidencia con los suyos.

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