No somos vengadoras

Fernanda Tabarés DIRECTORA DE VOZ AUDIOVISUAL

OPINIÓN

17 feb 2018 . Actualizado a las 09:09 h.

Qué casualidad. Ahora que arranca una alianza internacional de mujeres dispuestas a decir basta ya; ahora que se empieza a poner nombre a abusadores crónicos; ahora que se reivindica una forma diferente de convivir en el trabajo; ahora que se reclama la co-responsabilidad en el hogar; ahora que se denuncia que la conciliación es un anhelo imposible; ahora que muchas mujeres reflexionan sobre sus vidas, sus microacosos, esas sugerencias, indicaciones o insinuaciones que casi todas hemos padecido en nuestro entorno laboral... ahora, justo ahora, surge un movimiento estruendoso que considera esta nueva ola feminista puritana, revanchista, hembrista y odiosa.

Sorprende que toda esta indignada reacción haya permanecido más bien dormida con las mil mujeres asesinadas en España en los últimos 14 años; con los 185 huérfanos que ha dejado la violencia machista; con el reparto injusto del trabajo en el hogar; con las penalizaciones a la progresión laboral de las mujeres; con la adjudicación prejuiciosa de roles, con esas biografías plagadas de situaciones como las que hace unos días relataba María Xosé Porteiro en La Voz, «unha muller común e corrente» sometida a los acosos comunes y corrientes.

La situación es tan clamorosa que requiere de una vocación inexcusable por parte de todos y en ello estamos muchas mujeres y muchos hombres que asistimos deconcertados a este empeño por convertir el movimiento Metoo en una revancha de hembras que quieren hacer pagar a los hombres por sus pecados, colgarlos por los genitales en la plaza del pueblo, inventarse acosos falsos y arruinar la reputación de todos y cada uno de ellos.