No, Marta, el himno ya tiene letra


Marta Sánchez escribió la letra de una canción de amor, no la letra de un himno nacional. Para ser la letra de un himno, le falta épica y ese timbre de gloria que le da sentido e identifica a un país. En cambio, como canción de amor, tiene algún párrafo que haría llorar a un enamorado juvenil. Por ejemplo, cuando dice: «Crece mi amor cada vez que me voy, pero no olvides que sin ti no sé vivir». Lo llamativo es que el jefe del gobierno, con toda su autoridad, convirtió esa letra en un acontecimiento político; quizá en el gran acontecimiento político de la temporada, porque en un patriótico y emocionado tuit le dijo a la autora: «la inmensa mayoría de los españoles nos sentimos representados».

¡Menos mal que hay algo, alguien, que representa a la mayoría de los españoles! Cuando hay gente por ahí, como Felipe González, que aseguran no sentirse representados por ningún líder ni partido, quizá Marta Sánchez sea el vínculo que dé sentido unitario a esta nación. Lo dice Rajoy. A su competidor, Albert Rivera, le faltó tiempo para subirse a ese carro del patriotismo, no sea que Rajoy le quite algún voto por no elogiar a Marta, con lo mucho que el público la aplaudió. La unión de Rivera y Rajoy, por encima de todo lo que les enfrenta, no salvará la unidad de España, pero sí de la derecha. Cuando firmen un pacto de coalición, ya tienen música de fondo. Y con Marta Sánchez en directo.

Como es natural ante tal acontecimiento unitario, se suscitó un profundo debate. Los periodistas se lanzaron sobre Marta a preguntarle cómo y cuándo se le había ocurrido salvar así a la patria. Ella también dijo la frase del año: «Si mi letra acaba en el himno, me voy a la tumba tranquila». Le faltó sensibilidad política para decirlo de otra forma: «si la mayoría de los españoles se sienten representados en mi literatura cantada, seré el símbolo de la nación». Y el pueblo dejó de hablar de las pensiones y de Puigdemont y se puso a discutir si la letra era buena o si el himno debe tener letra.

Pues no, señores. Lo que esto demuestra es que el himno nacional no debe tener letra. Ningún intento anterior logró prosperar. La creación de Marta Sánchez encanta a la derecha y deja fría a la izquierda, lo cual desmiente a Rajoy. Los nacionalistas siempre dirán lo que dicen tras los discursos del rey: que no habla del derecho de autodeterminación. Y el resto de los españoles ya hemos asumido que el sonido de la España del himno nacional vigente es milagrosamente neutral en medio de tanto extremismo. No hay nada más neutral que la ingeniosa letra que escribió el pueblo: «ló-lo, ló-lo, lolololo, lolo-lóooo». Es la forma de que nadie se sienta ofendido y de definir e integrar a este país.

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