Un rey demérito

OPINIÓN

22 feb 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Décadas después de sus refriegas radiofónicas, que incentivaron las audiencias de sus respectivos programas deportivos nocturnos, Jordi Évole reunió en La Sexta hace dos domingos a José María García y a José Ramón de la Morena, para morbo del respetable afín al deporte/negocio/circo por excelencia. 

El producto del encuentro no tuvo mayor relevancia por parte de ambos que la de definir aquellas disputas, en la que se dijeron de todo durante años, como una soplapollez, y tener de Supergarcía un retrato tan fidedigno como el que ofreció Pedro Delgado, cuya sinceridad es digna de resaltar para mayor reconocimiento de las interioridades del oficio entre quienes hacen de su gestión un ejercicio de megalomanía mayor.

El breve diálogo entre los dos periodistas deportivos no habría tenido más trascendencia si Jordi Évole no hubiera logrado poner al teléfono al mismísimo rey emérito, devoto de García, sobre el que dio su convencional y laudatoria opinión, sin permitirse responder a lo que hace un rey emérito un miércoles por la mañana o a la exclusiva que hubiera publicado Supergarcía de contar con la noticia de su accidentada expedición cinegética en Botsuana.