La retranca del gran Forges


Nunca sobra el humor. Menos aún en tiempos donde se suceden noticias de secuestros de libros, de autocensuras preventivas, de condenas ejemplarizantes y de confusiones interesadas entre símbolos históricos y el franquismo.

«¿Qué haces...? ...Estoy pensando... ¡Por Dios Mariano; no hagas locuras!». Solo por este diálogo sería trágico perder a un maestro como Forges, autor de miles de viñetas geniales, de «chistes en serio» aspirantes a la inmortalidad, capaces de sobrevivir al contexto en el que fueron creadas y, como decía él mismo, de ser publicadas una y otra vez.

Forges, que presumía de sus hondas raíces gallegas (su padre era de A Fonsagrada) definió la retranca como «una forma de defensa léxica en situaciones complicadas». La empleó, a su manera, en su cita diaria con la interpretación de la realidad en clave de humor.

Cincuenta años dan para retratar la crisis, el desafío secesionista y los complejos cambios de una sociedad en perpetua transformación y conflicto. Y también para asomarse a un tabú, la historia. A los que acostumbran a usar el pasado como arma arrojadiza y como forjador de cismas, les convendría repasar Historia de aquí. Entenderían la extraña reacción en las redes. Allí casi todos lloraron su muerte. Por un día, el gran maestro no pudo provocar la sonrisa.

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