No es antijudaísmo, es antisionismo

OPINIÓN

28 feb 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Si hay un episodio en la historia del que la humanidad debería avergonzarse ese es el Holocausto. No solo por la tragedia que produjo sino porque jamás a lo largo del tiempo se fabricó un instrumento tan eficaz para exterminar a quienes el nazismo consideraba diferentes. Lo más sorprendente es que aquello no se protagonizó por gente ignorante sino que fue con la participación y la aquiescencia de gran parte de un pueblo que tenía uno de los mayores niveles culturales y científicos del mundo.

Después de la derrota nazi llegó la justificación de sus protagonistas: «la obediencia debida», «el desconocimiento de lo acontecido»; lo que demuestra que estaban ciegos ante las detenciones masivas, ante el paso de los trenes de la muerte y no percibían el olor que despedían las siniestras chimeneas de los «lager»; ¡mucho silencio y cuanta complicidad! Y también cuanta indiferencia de tantos estados sabedores de lo que estaba aconteciendo. Un hecho que llevó a Primo Levi, superviviente del Holocausto, a verbalizar unos temores que con el tiempo vuelven a repetirse «¿hasta qué punto ha muerto y no volverá el mundo del campo de concentración así como ha muerto la esclavitud?».

En relación con aquel drama el gobierno de Israelí viene haciendo una gran manipulación. Por una parte, se apropia en exclusiva del Holocausto y por otra silencia e ignora a las otras víctimas: la izquierda alemana, los miembros de la resistencia antinazi y antifascista, los miles de republicanos españoles, minusválidos así como otros colectivos como gitanos y testigos de Jehová. Y lo peor de todo es que, según la historiadora israelí Idith Zertal, el estado de Israel «está utilizando Auschwitz  como arma y como escudo»; en unos casos para  legitimar su política belicista y colonial y en otros para acusar de antijudíos a quienes denuncian la ocupación de Palestina: una política que el  sionismo viene practicando en Palestina desde hace setenta años y que repite métodos que en el pasado sufrieron las gentes de la religión que ellos dicen representar. En contra de lo mejor de la tradición profética, han construido un estado con tintes teocráticos, racista y colonial que practica la limpieza étnica y ha arrebatado a los palestinos, tanto musulmanes como cristianos, el 90% de la Palestina histórica. Muchos de sus comportamientos recuerdan la limpieza étnica que padecieron los judíos en Inglaterra en el siglo XIII y en los territorios hispanos en el siglo XV y XVI. Y si a algo se asemejan los guetos, donde vivieron recluidos, es al sistema de apartheid territorial y social que se materializa en el archipiélago de enclaves palestinos cercados por controles militares que impiden las actividades económicas y las relaciones humanas. No obstante, siendo dura la situación en Cisjordania, en Gaza es mucho peor; convertida en el mayor campo de concentración de mundo, es el campo de tiro donde experimentan todo su arsenal bélico; a lo que hay que sumar el bloqueo de alimentos, medicinas, la falta de agua y luz eléctrica que incrementan todavía más el número de muertos que se suman a los provocados por los sistemáticos bombardeos selectivos y masivos.