Los datos valen más que el oro


Cuando el Real Madrid y el Barça se ponen de acuerdo, algo se mueve en el fútbol español. Cuando Telefónica y Vodafone interpretan, con letra parecida, la misma melodía, hay que prepararse para que ocurran cambios de calado en el mercado de las telecomunicaciones.

Ocurrió hace dos años, cuando en pleno Mobile los máximos responsables de las dos compañías afirmaron que los consumidores españoles pagaban poco por sus conexiones a Internet, y, oh sorpresa, empezaron a subir las tarifas. Ha sucedido algo parecido en esta edición del MWC. En dos casos. El primero, más coyuntural, en las posturas sobre el precio de los derechos del fútbol. El segundo, más trascendental, tiene que ver con los anuncios efectuados por ambas empresas para empezar a explotar -de manera legal- la huella que generamos cuando usamos el móvil.

Agregados y anonimizados, los datos son un tesoro, el petróleo del siglo XXI. Refinados y tratados para convertirlos en información accesible, cambiarán la forma de tomar decisiones de políticos y gestores de empresas. Deberían servir incluso para combatir la pobreza, siempre y cuando, como dijo el presidente del Banco Mundial en Barcelona, «las aspiraciones se conviertan en frustraciones».

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