Querido Chus, tu guardia ha terminado

OPINIÓN

02 mar 2018 . Actualizado a las 07:05 h.

Hay veces que la vida nos golpea tan fuerte que es difícil recomponer la figura. Cuando se te va un amigo, un compañero como Chus Otero, un maestro como lo fue para mí y para tantos y tantos intensivistas de este país, hay que tratar por todos los medios de hacerlo.

Por uno mismo, por Lola, por sus hijos, por su familia, por sus compañeros de la ONT, por tantos y tantos colegas de profesión que lo quieren y lo admiran, por los cientos y cientos de personas para las que consiguió un órgano, por los trasplantados que ha habido y por los que vendrán.

Por eso, no te quiero pensar, Chus, tumbado en una cama de la UCI del HUCA en la que durante tantos años trabajamos juntos. Donde la vida y la muerte estiran los brazos hasta llegar a tocarse a menudo con las yemas de los dedos.