Atención


Me hizo gracia cómo cerró Putin la presentación de su nuevo supermisil: «Ahora nos van a escuchar», dijo. Proliferan los cursos, libros y tutoriales sobre cómo hablar, cómo comunicar, cómo convencer. Se parte de la premisa, sin duda verdadera, de que la comunicación es más importante que nunca en cualquier actividad. Pero a menudo se obvia el presupuesto básico de cualquier forma de comunicación: atender, que es también el punto de partida de cualquier afecto. Si no se atiende, no se entiende. Si no se atiende, no es posible querer, ni siquiera ser amable. Y como consecuencia, de nada servirá cualquier cosa brillante que digamos. O de muy poco. Pero justo ahí reside el problema de nuestra falta de comunicación y de este estar todo el día peleados y de los victimismos crecientes y de los agravios reales o supuestos: en que vivimos inmersos en una profunda crisis de atención. Apenas atendemos. Atender significa suprimir cualquier otra demanda -interna o externa- que nos distraiga de escuchar a quien habla. No se puede atender a alguien en multitarea: hay que dejarlo todo y que el otro se sienta atendido, escuchado con todo el cuerpo. De ahí la expresión «poner los cinco sentidos» y de ahí que los niños te agarren la cara para que les mires cuando hablan. Solo así se comprende no solo lo que nos dicen, sino lo que nos quieren decir, que son dos cosas que no siempre coinciden. Ayer, mientras escuchaba a alguien muy querido, me acordé de un mensaje importante que no había devuelto. Interrumpí: «Perdona, tengo que contestar a este». Luego me dolió haber dejado de atender a alguien que me importaba más por alguien que no me importaba tanto. Quizá desatendí a los dos.

@pacosanchez

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