Idiolectos


Con Forges ha desaparecido uno de los españoles con un lenguaje más singular y productivo. Además de tener características propias, se amplió tremendamente con la creación de vocablos. Aunque la mayoría se han quedado en sus chistes, los hallazgos más afortunados, como bocata, tocata o muslamen, calaron en la audiencia y hoy están en el Diccionario. Junto a los forgendros, el humorista desarrolló un idiolecto propio, además de los de sus principales personajes. Cada uno de estos tenía su peculiar forma de expresarse.

Seamos concientes de ello o no, todos tenemos idiolecto, un conjunto de ragos propios de nuestra manera de expresarnos. Van desde la elección de las palabras y la sintaxis hasta las expresiones fijas que usamos y la pronunciación. Los latiguillos, por repetitivos, son de lo que más salta a la vista. Hay quien termina casi cada frase con un «¿Me entiendes?», otros, más educados, con un «¿Me explico?» y algunos más con un «Vale». También hay quien entrevera el discurso de interjecciones como guay o ¿eh?

Cuando habla o cuando escribe, cada uno está mostrando su identidad, hasta el punto de que hay quien dice que el idiolecto es tan propio de una persona como las huellas dactilares o el ADN. De hecho, su estudio ya forma parte de algunas investigaciones policiales. Entre estas, el caso más famoso fue el de Unabomber, un matemático estadounidense que en 17 años envió 16 cartas bomba, con las que causó tres muertos y numerosos heridos. Un criminólogo del FBI se centró en el estudio de un manifiesto de Unabomber en busca de su idiolecto. Dedujo, entre otras cosas, que había residido en Chicago y que había utilizado un manual de estilo que se había empleado en una determinada época. La publicación del manifiesto permitió que David Kaczynski reconociese a su hermano Ted como su autor. Una frase, aunque no solo eso, fue clave: «No puedes comer la tarta y seguir teniéndola». Su hermano la usaba así, aunque los estadounidenses en general la expresan de otra manera: «No puedes tener la tarta y también comerla».

Otros muchos casos policiales y judiciales han podido ser resueltos con el auxilio de la lingüística forense. Aunque, en la calle, lo que impacta a la gente son los idiolectos de algunos humoristas, cuyos rasgos llegan a pasar al lenguaje popular. ¿Te das cuen?

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