Las pensiones son sostenibles

Ernesto Sánchez Pombo
Ernesto Sánchez Pombo EL REINO DE LA LLUVIA

OPINIÓN

La sostenibilidad del sistema público de pensiones tiene fácil solución y existen al menos tres medidas que las harían viables. La primera, la creación de empleo, como insiste una y otra vez Mariano Rajoy. La segunda, que el jubilado tenga a bien morirse al día siguiente de cesar de trabajar, como ya nos aconsejaron algunos colegas europeos. Aunque un servidor se inclina por la tercera, que es dejar de despilfarrar y utilizar los dineros que nos quedan para lo necesario. Como se hace en cualquier hogar, que antes de irse al bingo, se paga el pan, la luz y los libros de los niños.

Nos dicen que no se puede gastar lo que no tenemos y que hay que ser consecuentes para entender que de donde no hay no se puede quitar. No es cierto, se puede sacar y mucho, pero quienes ahora dicen dirigir los destinos de este barco a la deriva no entienden las pensiones como un derecho, sino como una gracia que les viene muy bien para atizar al contrario y jugar al electoralismo.

Fíjense que en el debate del futuro del sistema en ningún momento, ni los unos ni los otros, sacaron a relucir las decenas de miles de millones de euros que se nos van por el desagüe. Los de la corrupción; el rescate bancario que él solito se pulió 60.718 millones; el de las autopistas, indemnizaciones a constructores amigos y gastos de representación y mantenimiento de entidades inútiles como Senado o Diputaciones; aeropuertos vacíos, sedes de los partidos, ciudades de las artes, de la cultura y las autovías a ninguna parte. Esto no entra en el debate porque nadie quiere dejar de ayudar a los amigos ni bajarse del coche oficial.

Ni tampoco hablan de que España dedica menos a las jubilaciones que Alemania, Francia e Italia, entre otros queridos vecinos.

Pero sí lo tienen presente los pensionistas que llenan las calles y con los que ni el Gobierno ni el PP contaban para enrarecer más un clima ya bastante deteriorado. Los manifestantes, que vienen siendo los papás y los abuelitos de aquellos desaliñados que ya nos llenaron las plazas de protestas, gritan lo mismo que sus descendientes. Nos están robando. Que tampoco es una novedad.