¡Que gobierne Barrabás!


La militancia del SPD acaba de aprobar, con más del 66% de los votos, la gran coalición con los conservadores para gobernar Alemania. Los observo con sana envidia. Porque en mi país una actuación similar es imposible. Imposible, les confieso el motivo, porque los líderes recientes del socialismo poseen escasas entendederas y solo pretenden asegurarse su futuro sin importarles para nada el futuro de España y los españoles. Esa coalición, presumo, es el único modo para paliar los gravísimos problemas que acucian a nuestro país. La mayoría de índole ideológica. Ideologías que por un lado pretenden fragmentar España y por otro acabar, en nombre de principios obsoletos y decimonónicos (nacionalismo, comunismo...), con casi cuarenta años prósperos de nuestra historia última. Nunca se ha tensado tanto la cuerda. Ni siquiera en la «protodemocracia» y sus inseguridades. De ahí el espectáculo funesto de la posverdad, con el podemismo a la cabeza, y del independentismo catalán.

Los independentistas, como los malos futbolistas, quieren el campo embarrado para ganar su partido. No les importa ni Cataluña ni el bienestar de sus vecinos. Les importa el juego que con absoluta irresponsabilidad iniciaron décadas atrás. Fue Pujol el catapultador de este delirio. El mismo que ahora no tiene tan clara la bondad de sus ideas. Él contribuyó a que las mentiras se instalasen en el imaginario colectivo, y, fundamentalmente, alentó económica e ideológicamente el esperpento que ahora estamos viviendo.

Puigdemont es un fracasado que una vez en su vida, una sola, ha tenido un inesperado éxito. Muchos ejemplos podía anotar al respecto. No lo haré para no atiborrar con nombres y apellidos lo que resta de artículo. Sin embargo todos sabemos que la lotería no solo le toca a los listos. A algún majadero le ha tocado alguna vez. Hasta a Barrabás, que era un miserable, le tocó la libertad. Nos lo cuenta el Nuevo Testamento. Y por contárnoslo, hasta algunos acusan a los evangelistas de alentadores del antisemitismo: porque al liberar a Barrabás, el pueblo judío puso a Jesús en el Calvario. En muchas películas hemos escuchado la pregunta de Pilatos: «¿A quién queréis que libere?». Y los de la plaza contestan: «¡Barrabás, Barrabás!». En Cataluña, lo mismo. Y eso es lo que pido. Que perseveren en su particular Barrabás y la Justicia actúe con rigor sumo. Porque esto ya resulta intolerable. Es una burla a toda España y, muy especialmente, a Cataluña: de mal en peor, y así sucesivamente. Ante todo este monumental despropósito, y ante la imposibilidad de una gran coalición por culpa de la pacatería intelectual del actual socialismo, solo hay una salida veraz y positiva: más 155. El resto es hacerle el juego a todos estos que desde su insania siguen gritando «Que gobierne Barrabás».

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