Pensiones: más dinero, menos pan


A Rajoy le gustaría subir más las pensiones, pero no hay dinero. Linde, el mandamás del Banco de España, respalda la tesis. Debo ser duro de mollera, pero ni entiendo el argumento ni me salen las cuentas. Para empezar, las pensiones no suben ni poco ni mucho: están bajando y seguirán bajando mientras no se modifique la última ley de reforma. La carta de la ministra Báñez a cada pensionista, comunicándole la subida del 0,25 %, es un engañabobos. Si usted percibió en el 2017 dos euros más al mes, sepa que su pensión bajó en seis euros, porque el pan y las alubias que compra cuestan ocho euros más (el IPC subió un 1,1 %). Y este año bajará aún más, porque la vida se encarece a medida que crece la riqueza. Usted está condenado por ley a ver cómo se achica su pensión a medida que sube el recibo de la luz o la cesta de la compra. Con la crisis vivía mejor. Tiene motivos sobrados para cabrearse y salir a la calle.

¿Y el dinero, de dónde lo sacamos? El año pasado, la economía española creció un 3,1 % en términos reales y algo más del 4 % en términos nominales. Entendámonos: si Juan Español tenía cien euros, ahora tiene 104, pero su riqueza solo aumentó en tres barras de pan. Esto es lo que importa, de poco sirve que le llenen el bolsillo de billetes si estos pierden valor. ¿Y qué reclaman los pensionistas en la calle? No quieren una migaja de las tres barras de pan adicionales, sino que no les sisen parte del pan que comían cada día. Eso significaría, en el 2017, darles un 0,85 % más de dinero (subida del 1,1 % en vez del 0,25 %). Solo piden que les congelen las pensiones pero en términos reales. Que no sigan bajando. Pero vamos más allá. De la riqueza que genera la economía española, el 38 % la recaba el Estado para cubrir sus necesidades de gasto. El porcentaje es muy inferior al de otros países europeos, pero dejemos para otro día el debate sobre si ello se debe a los bajos impuestos, a que muchos no los pagan o a ambas cosas. Lo que me interesa recalcar es que los ingresos del Estado y su capacidad de gasto crecen como mínimo tanto como la economía: más del 4 % el año pasado. Eso implica que todas las partidas de gasto público pueden agrandarse en ese porcentaje sin aumentar el déficit. Si las hay que suben menos del 4 % es porque otras suben más. Si los salarios de policías y guardias civiles van a subir un 25 % en tres años y el del señor Linde creció un 11,5 % también en tres años, cae de cajón que la nómina de los otros funcionarios o el gasto en pensiones tiene que crecer menos del 4 %. Si el dinero para pensiones creciese en igual medida que el PIB, los abuelos no saldrían a manifestarse. Se llevarían 0,85 puntos y mantendrían su poder adquisitivo. Y aún quedarían 3,15 puntos -las tres barras de pan- para atender a los nuevos jubilados. ¿Suficientes? El Gobierno cree que sí, porque así lo escribió en el Plan de Estabilidad: «Los incrementos futuros del gasto en pensiones serán menores en media al 3 %». ¿Mentía el Gobierno a Bruselas o nos miente ahora a los españoles?

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