El niño Gabriel y 2.272 niños más


Hace tres días el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, dio a conocer unos datos estremecedores: en estos momentos hay más de 6.000 personas desaparecidas en España. Hay muchas más, muchos miles más, pero estas 6.000 son las que ocupan las investigaciones policiales. De ellas, casi la mitad, exactamente 2.273, son niños y niñas, y en bastantes casos se teme que hayan perdido la vida. Entre esos dos millares está Gabriel Cruz, que es buscado intensamente por los campos y los montes de Níjar. Hay multitud de sospechas más o menos imaginativas, ninguna prueba conocida, sobre su desaparición. Su caso suscita una atención mediática que se alimenta a sí misma por la competencia entre las televisiones. Sus padres transmiten una emoción que ayer hizo llorar a María Casado en Televisión Española. Y quienes formamos parte del público espectador nos debatimos entre una esperanza cada día menor y la desesperanza más absoluta. Miren: yo no sé escribir de estas cosas. Cuando lo intento, llego a un punto donde no puedo continuar. Miro las fotos del niño Gabriel, como las de otros niños que se perdieron y se me nublan los pensamientos solo de pensar lo que piensa su madre: cómo se le puede hacer daño a esa criatura, cómo se puede segar esa sonrisa, cómo se puede cortar esa vida que comienza. Y pierdo el sentido de la realidad cuando recuerdo que hubo 2.272 desapariciones como la de Gabriel y ni siquiera nos hemos enterado. Yo, por lo menos, no tengo conciencia de tantos niños perdidos, de tantas familias angustiadas, de tantas madres destrozadas. Tampoco entenderé, a pesar de ser periodista viejo, por qué unos casos suscitan tanta atención y otros apenas son publicados, o ni siquiera son publicados, o los olvidamos inmediatamente después de publicados. ¿Y las causas? ¡Dios mío, las causas! Hay crímenes de violencia sexual, por incomprensible que resulte para cualquier persona normal. Hay situaciones de venganza de la pareja separada o en trámite de divorcio. Y hay víctimas de simples asesinos. Pero esos casos los conocemos o nos parece que los conocemos, y pongamos que sean un centenar. O un millar, para no quedarnos cortos. ¿Qué ha ocurrido con el otro millar largo? Por lo que estamos viendo en Níjar, nadie puede decir que la Guardia Civil, Protección Civil, los bomberos y la policía local regateen esfuerzos para encontrarlos. Se han movilizado todos los medios. Perdonadme, pero estoy empezando a caer en la peor de las teorías: la teoría de las mafias, del tráfico de órganos o algo desconocido, porque no se encuentran ni los cadáveres. Seguidme perdonando: 2.273 niños no se pueden perder por descuido, ni por historias pasionales, ni por simple delincuencia común.

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