¿Por qué no potenciamos la innovación social contra la violencia?


Con el eco del 8 de marzo aún resonando, la cabeza se me va hacia una reflexión sobre la violencia social más allá del género. Porque la violencia de género es un exponente clarísimo de una sociedad que vive inmersa en un clima constante de agresividad sin límites, y donde no existe una gestión coordinada contra la violencia.

Una verdadera gestión contra la violencia requiere un pacto de estado nacional y supranacional, que ponga en marcha de manera urgente políticas públicas encaminadas a erradicar la violencia social en el más amplio sentido del término.

De la misma manera que existe presupuesto para defensa, interior o para costear el inmenso aparato burocrático europeo, habría que reforzar la investigación socio-sanitaria para llegar a las regiones del genoma donde se originan las conductas violentas, por ejemplo. O reforzar el sistema sanitario y educativo para prevenir las adiciones de todo tipo a las que estamos abocados - tecnológica, farmacológica, consumista, etc. -. Hay que educar para convivir, no solo para competir. Hay que educar para soportar el sufrimiento y la frustración, no solo para driblarla a base de «medicalizar» la vida innecesariamente.

Con una sociedad basada exclusivamente en los actos de consumo, y donde si no consumes no eres humano; con una sociedad que no admite el envejecimiento y la muerte como un hecho natural, y donde «todo vale» para llegar a toda prisa al objetivo propuesto (y que habitualmente tiene que ver con el marketing personal y el bienestar económico), poco podremos avanzar en la pacificación social y en el refuerzo de los valores para una convivencia saludable.

Durante las 24 horas del día vivimos rodeados de violencia: la desigualdad social y la pobreza son una forma de violencia. La pederastia y cualquier otro abuso contra los niños, o el abandono de los ancianos también, por citar tan solo algunos ejemplos sangrantes.

Y no solo vivimos rodeados de violencia y adiciones, sino que estamos integrados en una cultura que las potencia en todos los ámbitos de la vida, aunque a menudo los más vistosos sean el cine, la televisión, o los videojuegos…

¿Por qué no se invierte en innovación social para prevenir la violencia? De la misma manera que se fomenta el emprendimiento y el autoempleo en otros campos, también puede orientarse la creatividad y la innovación para la prevención de las conductas violentas y para la educación a través de proyectos que generen un clima social de tranquilidad y pacifismo, de tolerancia y generosidad.

¿O es que la violencia es un buen negocio para muchos, y además genera rédito político?  Porque repito, la violencia de género - que requiere ser abordada con rigor desde todas las instancias sociales - es una expresión más de una atmósfera irrespirable en un mundo cada vez más polarizado entre abusadores y abusados. Y lo cierto es que para muchos de esos abusadores y abusadoras (que también las hay) el Time´s up parece no llegar nunca… Como también es cierto que continuamos viviendo en una sociedad donde el dinero y la impunidad son valores supremos, porque el castigo para los malvados es casi siempre muy leve.

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